Catorce cumples sin ti 

 

Era un martes fresco de primavera y fui vestida de manga larga al hospital. El viernes, cuando nos dieron el alta y nos mandaron a casa se había instalado un calor veraniego como el de estos días actuales.

Rodrigo, hijo, pienso en ti con melancolía en lo que debería haber sido tu trigésimo cuarto cumpleaños.

Todavía me asaltan la rabia, la tristeza, el vacío y la desdicha. Nunca estoy ni estaré curada del espanto de tu marcha injusta y repentina.

En este día de tu cumpleaños te pienso, te busco, te quiero.

Nunca dejes de enviarnos señales para el reencuentro.

Más cumpleaños de mayo

Lala cumplía el 20,  tú el 24 y tu prima A. el 26. Cinco, con D. el 1 y yo misma el 2: en este mes de mayo tenemos una buena cantidad. Os echamos de menos.
La abuela podía estar cumpliendo 86,  tampoco sería tan descabellado, ahí está su hermana, tres años mayor y tan terne. Y tú, hijo, qué dolor ver cómo todos tus amigos evolucionan (lógico, pues la vida no se detiene), cambian, maduran, se asientan en tal o cual sitio. Sin ti. Te quedas solo, en un recuerdo agridulce solamente, ay. En una imagen de veinte años casi niños.

Feliz cumplecielos, Mamá. Feliz finde a todos los que nos esperáis desde el otro lado.

Mediados de mayo

Hola, cariño, otra semana , otra graduación de bachillerato, otra primavera de lluvias y soles … Todo me parece ya experimentado, se me va la vida deprisa y me acerco a ti por momentos.

Papá me dice que no exagere, que todavía somos jóvenes, que nadie sabe cuánto le falta, y basta tu ejemplo para demostrarlo, pero no consigo evitar esta sensación existencial de inconsistencia.

Y, bueno, que estamos bien, hijo. Que seguimos trabajando y luchando unos por otros (por mí y por todos mis compañeros, como cuando jugábamos) y que nos embarga ya el cansancio del final de etapa. Necesitamos pronto unas buenas vacaciones.

Espero noticias editoras sin agobios, sin muchas esperanzas, pero con una puntita de expectación. Todavía es tiempo de seguir aguardando, y además me siento liberada desde que terminé el texto. A cambio tú andas más lejos, Rodrigo, pero no puedo recriminar tu afán independiente. Me dan ganas, pero no.

En todo caso, sea esto un mensaje en tu contestador automático: te quiero. Nunca te olvido. Volveremos a abrazarnos.

Mayo de 2017

Entre mil actividades y obligaciones pienso en ti, Rodrigo. La vida me arrastra con sus prisas locas y tú hace mucho tiempo que no compartes con nosotros esa vorágine, pero pienso en ti, Rodrigo.

Apenas puedo hacer otra cosa que no sea traerte a mi mente, hijo. Te llamo y te pido que nos hagas guiños, que nos marques hitos para seguir tu estela, porque la existencia enloquecida que habitamos nos hace perder el sentido de lo etéreo, y sólo en ese mundo sutil estás tú.

Siento que te pierdo un poco más cada día, y lucho cada día por no perderte. Porque no me conformo. Porque te quiero.

Algún día volveremos a encontrarnos, mientras tanto, por favor, haz sonar los cascabeles de tu risa.

Catorce cumples sin tu compañía 

Ando de aquí para allá, con los exámenes y obligaciones del final de curso de los alumnos del último año, que casi terminan. Me envuelve esa melancolía de adioses y la cercanía de mi cumple, cuando me topo con una foto mil veces vista, de pronto como nueva. Eres un bebé de meses y sonríes a la cámara sentado en mis rodillas. Me emociono.

Parece imposible que una imagen tan conocida para mí, que ha estado desde 1984 en mis estantes, entre libros, que he mirado en tantas ocasiones, tenga este efecto.

Porque te veo en ella, hijo, y siento al niño que perdí. Algo que me pasa también con tu hermano pero compensa el hombre en que se ha vuelto. Sin embargo, contigo no tengo nada. Ni el bebé, ni el niño, ni el adolescente, ni el joven, ni el adulto que empezabas a ser…

Abrazo al chiquitín que recuerdo con nostalgia, al muchacho locuaz y divertido que me contaba tantas cosas y con el que tuve siempre una complicidad especialísima, al joven divertido y amoroso que me acompañaba como un guardaespaldas. Te quiero, Rodrigo.

Nuevas sensaciones 

Buenos días muy atareados, Rodrigo. Entre exámenes, obras, relatos, tareas domésticas, alergia y calor primaverales pienso en ti.

Desde que escribí tu historia siento que todo está cumplido. Es una tranquilidad diferente, que te aleja de este mundo y a la vez nos arropa con mucho cariño. Tanto que me hace llorar.

Te queremos, hijo. Vamos hacia ti. Espéranos.

8 de abril 

Doce años sin mi madre y trece desde tu visita maravillosa. Estamos en una fecha más que simbólica y vosotros os hacéis notar, pues desde el jueves tu hermano tiene ya su casita.

Volverá cerca de nosotros en cuanto la arreglen un poco y eso nos ha llenado de emociones. Anda muy estresado, trabajando jornada y media, desde las siete que sale de casa, hasta las nueve que regresa. Es como una compensación cósmica por el tiempo en que no tenía nada, pero también agotadora.

Entre nuevas gymkanas vitales, Rodrigo, te mando todo nuestro amor. No dejes de pasarte por aquí, hijo. Te queremos.

Inconsistencia 

Te llamo y te pienso esta nueva mañana de sábado, Rodrigo. Entre mil obligaciones hago un espacio para ti. La vida me arrastra y estas letras me ayudan a no perder el norte.

Te llamo, sí. No dejes de inspirarme, hijo. Ni de hacernos señales de por dónde seguir. Cada día me pierdo al menos en un vericueto, gracias por  tus ayudas continuas. A pesar de que el tiempo lava tu presencia, o, mejor, su sensación mágica, siempre estás.

Te echamos de menos. Qué vacío terrible dejaste, cariño. Pero el amor sigue reuniendo nuestros mundos.