Acabando noviembre

Hola, cariño. Espero que todo bien. Aquí seguimos como siempre, nada especial. La rutina nos arropa, siempre te lo digo, y ojalá siga así. Ya hemos tenido suficientes sobresaltos vitales.

Escribo, sigo tres cursos creativos y al menos así me relaciono con el exterior y veo a otros. Porque desde el confinamiento, llevamos una vida bastante solitaria.

¿Y tú qué tal? Ojalá pudieras llamar, escribir, contarnos… Ay, Rodrigo.

Te mando millones de abrazos, besos y risas. No te olvidamos. Vuela alto, hijo. Te queremos.

Otro sábado más

Buenos días, Rodrigo. Aquí me tienes, muy temprano, como todas las semanas.

Siento que la vida se mueve muy rápida, que no sucede nada demasiado especial, pero avanza a buen ritmo. Y en ese proceso envejecemos Papá y yo. Se nos nota en las bolsas de los ojos, en las pieles oscurecidas y descolgadas, en nuestra forma de movernos, en los achaques viejos recrudecidos, en los nuevos que llegan inesperadamente y amenazan con quedarse.

Desde este mundo te sigo llamando, hijo. Te añoro y espero tus noticias. No te olvido, no te olvidamos. Espéranos,

Besos, risas, bailes, libros y abrazos a millones. Te quiere con toda su alma: Mamá.

13 de noviembre de 2021

Hola, cariño. Aquí seguimos, sin ti. Lo mejor que podemos.

Poco nuevo hay hasta hoy, excepto que intentamos volver a la normalidad. G y B respecto a la casa, porque los arreglos de cosas pequeñas pendientes son un rosario interminable. Papá y yo, echándoles una mano.

No me quejo. Mejor normalidad que malas noticias. Pero me pregunto muchas veces cómo sería tenerte aquí. Solo puedo imaginarlo y me duele, siempre me duele. Te echo de menos, Rodrigo. Muchísimo.

En fin, hijo, ya sabes cuánto te queremos y que no renunciamos a ti. Te mandamos miles de besos, abrazos y risas. Tú, a cambio, ven y visítanos en sueños. Porfa, cielo. Porfa, porfa, porfa…

Cuídate. Haznos guiños. Sé feliz y vuela alto. Hasta pronto: Mamá y Papá.

Once del once, y también jueves

Solo un apunte, hijo, como todos los onces de todos los meses de esta larga condena de vivir sin ti.

Que te pienso. Que te llamo. Que te quiero libre, feliz y esperándome.

Vuela muy alto, Rodrigo.

Abrazos de oso: Mamá

No me gusta el día 1

Hola, Rodrigo, feliz sábado. Como todas las semanas, te escribo. Prefiero estas charlas nuestras al estereotipo de los días de difuntos. Pienso en ti todos los días, no me hace falta uno socialmente estipulado.

Hoy vamos a conocer a H, el niño de tus amigos. Y le llevamos alguna cosa de tu parte. Ojalá hubieras sido tú el que los visitara, y les diera los abrazos, y las felicitaciones. Ya ves, hijo, nos toca en tu lugar. Eso sí, vamos los cuatro, todos, en piña. Somos pocos, pero estamos unidos. A veces parece que tú también estás, cuando se ven tus destellos entre nosotros.

Si estuvieras aquí, quizá tendríamos nietos tuyos. Nos faltais tú y todo lo que podías haber sido, hecho, dicho y amado. Incluidos esposa, hijos y nuevos amigos. Ya sé que te lo digo mucho, pero es que es la pura verdad y no quiero reprimirla por no repetirme: te echamos de menos.

A veces me asalta la duda y paso etapas de oscuridades. Otras me animan los cascabeles de tu risa, que resuena por todos los rincones. Lo único que puedo segurarte, hijo, es que vivo con consciencia.

Y, por supuesto, que Papá y yo seguimos tus pasos. Y te queremos.

El árbol al pie de tu ventana

Buenos días, cariño. Son las ocho y llueve. El viento y el agua desnudan los árboles de nuestro jardín. Te subo una foto antes de que pierdan todas las hojas. ¿A que están muy bonitos?

Siento que puedo hallarte en la hermosura de la naturaleza. Incluso en esta pequeñita de nuestro humilde jardín.

También que somos muy pocos desde que tú no estás. Y que demasiados miedos nos envuelven, Rodrigo. Caminamos en tu busca. Lloramos tu ausencia. Te echamos en falta.

Me distraigo cuanto puedo de la pena de vivir sin tu compañía. No siempre me sale bien. Te pienso, te llamo, te pido ayuda. Gracias por los guiños. No dejes de mandarlos, que me abruma la desesperanza.

Hasta prontito, hijo. Vuela alto. Te quiere con todas sus fuerzas: Mamá.

En casa otra vez

Hola, Rodrigo. Ando despistada. Tenía una cita médica a primera hora y no te escribí antes de irme, como hago normalmente. Solo después de comer he caído en la cuenta del día que es hoy, que toca charlar contigo. Perdóname el retraso.

Resulta que desde que volvimos de Alicante se me desconfigura el sentido del tiempo. A cambio, no todo iba a ser malo, me siento mucho más serena. Espero recuperar pronto la normalidad, ojalá que con una rutina dulce, de las que arropan el alma. Ya te contaré.

En fin, hijo, que estamos bien, tu hermano, B, papá y yo. Aquí tu árbol favorito presume de tres colores otoñales bajo tu ventana, y yo te mando millones de abrazos con él.

Vuela alto, por favor. Sé feliz. Mándanos mapas para que podamos encontrarte. No te olvidamos. Cariños gigantes de: Mamá.

Saludos desde Alicante

Buenos días desde la casa de mis padres, Rodrigo. Aquí respiramos otra brisa, recorremos otras calles, vivimos diferente.

Es solo una escapada. Teníamos cosas que hacer. De hecho solo he parado para una breve vuelta y ver el mar. Pero aún no hemos pisado la arena.

No es que vayamos a bañarnos. Supongo que hoy se podrá, con los 25°C maravillosos que se esperan por el día. Es que nos gusta pasear por la playa. Y ver el faro, con sus rompientes. Mañana, sin embargo, se anuncia lluvia. No nos quejamos, el clima aquí siempre es agradable.

Pienso en ti. Ojalá estés bien. Con los abuelos, con todos los que se os van uniendo. Te echo en falta siempre. No importa que hayan pasado diecisiete años y ocho meses.

Abrazos de oso, apretados y risueños. Te quiere mucho: Mamá.

11 de octubre de 2021

Hola, hijo, aquí me tienes de nuevo, procurando no olvidarme de nuestros onces.

Desde la casa de tu hermano, te escribo estas líneas con el móvil. He venido para echar un ojo a los técnicos de la nueva cocina. Es mi manera de ayudar mientras G y B cumplen sus obligaciones laborales. Aunque quien verdaderamente se lo está currando todo es papá. Qué majo es.

Así que, como te cuento, los dos han regresado a su casa. Aún no está toda al cien por cien y siguen surgiendo pequeños inconvenientes, pero la obra, por fin, está finiquitada.

Una alegría y, a la vez, un poquito de pena. Porque con su marcha nuestra casita se ha vuelto muy, muy silenciosa. Y han brotado sensaciones de vacío físico y emocional demasiado conocidas.

Creía tener asumido que cada nueva pena puede hacer revivir la de tu muerte. Pero ha vuelto a pasar y el dolor me ha pillado desprevenida. Está claro que conocer el mecanismo no evita que suceda una y otra vez.

Por eso solo me queda no rendirme. Sigo viviendo, sufriendo y queriéndote, Rodrigo. Tú vuela alto y ven a vernos pronto. Hasta el próximo sueño. Millones de besos. Te abraza fuerte: Mamá.

Nostalgia otoñal

Ya nos quedan pocos días con tu hermano en casa. La suya está casi a punto. Han sido unas semanas dulces, un regalo amable de esta vida malvada que a veces nos cura las heridas con sus propios y sorprendentes ungüentos.

Por lo demás, sigue el otoño con su melancolía característica y nos tomamos unos pocos, escasísimos, días de descanso.

Poco más puedo contarte, Rodrigo. Que te añoramos y que ojalá no se te hubieran llevado de aquí sigue martillando en mi cabeza, pero no quisiera ser una pesada que te repite lo de siempre y que te agobia diciéndote cosas que tú no puedes cambiar.

Ahora bien, escribirte que te quiero no me lo quita nadie, hijo.

Mil abrazos de oso. Te espero en un sueño.