14 de agosto de 2021

El cáctus de la ventana de la cocina ha florecido dos veces este verano. Dos hermosuras de poco más de veinticuatro horas. Belleza efímera. Vida breve que disfrutamos al contemplarlas, que añoramos con nostalgia cuando vemos su levísima consistencia.

Así fuiste tú.

Te cruzaste unos años en nuestro humilde sendero. Creíamos que seguirías caminando cuando tu padre y yo ya no estuviéramos, que serías compañero leal de tu hermano, que veríamos a tus hijos y, con un poco de suerte, a los hijos de tus hijos.

Pero no fue así.

Y desde hace demasiado tiempo buscamos cómo continuar este viaje en que no estás.

Sigo sin saber qué hacemos en este mundo extraño, plagado de asuntos miserables y a la vez belleza y dulzuras extremas.

Después de la fase de buscar desesperadamente y de la de acumular conocimientos varios, por ver si alguna cosa de todo ello nos servía, estamos en la de aceptar que nunca encontraremos la respuesta.

A lo que no renunciamos es a hablarte, a decir tu nombre, a pedirte ayuda, a esperar el reencuentro. No dejes de volar, Rodrigo. Te queremos.

Nuestros onces

Ayer estuvimos con tu hermano y con Rodo. Hoy madrugo mucho y te escribo. A menudo pienso en que la felicidad es que estuvieras aquí.

Luego me doy cuenta de que es tu ausencia la que me hace valorar tu compañía. Una paradoja enloquecedoramente absurda.

Te quiero, Rodrigo. Estés donde estés. Con millones de abrazos, canciones y juegos, libros, pelis y viajes sigo diciéndote que no te olvidamos. Vuela alto. Volveremos a vernos.

Agosto

Es muy temprano. Todavía no ha amanecido. Las ventanas abiertas traen hasta mí los ruidos habituales. Tú eres, Rodrigo, mi prioridad cada mañana de sábado. Buenos días, hijo. Pienso en ti.

Se me hace dura esta vida con tu ausencia. Te echo en falta. Me enfado. Me angustio. Desespero. Y vuelta a empezar.

Vivimos ya treinta años en esta casa. Más de la mitad bregando con tu habitación, tu silla y tu cama vacías. Es odioso constatar que no estás. Y que no vas a volver. Y que llevamos diecisiete años y cinco meses de esta tortura injusta. Y que es una condena para siempre.

Simplemente te escribo, te llamo, mantengo abierta la conexión entre los dos. No pude evitar que te arrancaran de nuestro lado, pero sigo buscándote. No renuncio, no me acostumbro, no me resigno. Tú, por favor, hijo, sigue enviándonos instrucciones para resistir.

Abrazos de oso. Te queremos los tres: Papá, Mamá y Gonzalo.

31 de julio de 2021

Hoy no te hablaré del calor, ni del paso del tiempo, ni de monotonía, ni de ausencias.

Hoy, Rodrigo, solo apunto aquí que me llegaron tus mensajes. Y que resisto con ellos.

Y que te quiero.

24 de julio de 2021

Buenos días, Rodrigo, ¿qué tal estás?

Nosotros seguimos bien, sumidos en lo codidiano, sin viajes excepto una escapada de horas a Cercedilla. Fuimos a echarle un vistazo a la vieja casita de vuestra infancia y a darnos un paseo por las dehesas. Fue tan breve que ahora, al recordarlo, me parece un sueño.

Poco te puedo contar. Monotonía, calor, cierta serenidad conquistada a cambio de rutina monocroma. Hoy veremos a tu hermano, pues hace ya dos semanas de la última vez. Papá tuvo unos días, pero sigue trabajando todo el verano y no sabemos cuándo disfrutar de vacaciones. Tenemos pocas ganas de ir lidiando con las multitudes y eso nos paraliza.

Tristes sin ti. Tú eres lo único que nos falta. Ojalá estuvieras aquí, Rodrigo.

Esperando volver a encontrarte, seguimos este camino vital tan extraño. No dejes de hacernos guiños, hijo. Para que no perdamos la senda.

Te queremos. Muchos abrazos de oso: Mamá.

Mediados de julio

No hay nada demasiado bonito que contarte, Rodrigo. Aquí seguimos Papá y yo, en casita, disfrutando de una tranquilidad que necesitábamos después de un año duro. Aislados, porque no es momento de viajes o salidas.

El virus continúa afectándonos a todos, la pandemia no desaparece porque los que la sufrimos estemos cansados. Parecía que los jóvenes no pasaban la enfermedad, o apenas tenían síntomas, pero en cuanto se han descontrolado, ahí está la maldita COVID-19 para demostrar que sí les hace daño, más de lo que se pensaba en un principio.

Entre esa nueva escalada de casos y la deriva fascistoide de nuestro país, solo sentimos tristeza, temor e impotencia. No son buenos tiempos, hijo.

Pero resistimos. Desde esta casa que amaste te saludamos, cariño. No te olvidamos. Te queremos. Espéranos.

Once de julio de 2021

Todavía soy capaz de distinguir nuestros días once,Rodrigo. Aunque tengo el sentido del tiempo bastante deteriorado.

Pienso en ti. Te llamo. Me ronda la desesperanza y los miedos se han hecho compañeros de camino. Sin embargo, resistimos. Papá me anima mucho. Tener a tu hermano cerca, también.

No te olvidamos, hijo.

Un sábado más aquí contigo

Hola, cariño, buenos días, ¿qué tal sigues? Nosotros, igual que siempre. Ya sabes. La monotonía se va apoderando de nuestras vidas. Como el verano y el calor. Esperamos una ola de altísimas temperaturas. Pero no me quejo, es lo esperable en estas fechas.

Te cuento que hacemos las mismas cosas sencillas habituales, y que continuamos bastante recluidos por pura precaución. Menos mal que ayer mismo le pusieron la primera dosis de vacuna a tu hermano y que ya, por fin, han citado a Papá para la segunda. Calculo que a últimos de mes tendremos todos las pautas completas y podremos hacer una vida más normal.

De momento, seguimos sin viajes de vacaciones y en ese sentido siento que cada año es más absurdo que el anterior.

Te echo en falta, da igual que pasen los años, nos hemos quedado muy solos sin ti, Rodrigo. Me sigue resultando rarísimo que no estés. Y tu ausencia irremediable me enfurece, me pone triste, me hace llorar, me desconcierta… A ratos la sobrellevo con dignidad, a ratos me niego a aceptarla.

Creo que nunca voy a dejar de pensarte, hijo. De llamarte. De añorarte. Tu muerte innecesaria e injusta es una herida para siempre. O una cicatriz, o una lesión interna y escondida, que parece curada pero se reactiva y duele por mil diversas razones, la mayoría sin demasiada explicación racional.

En fin, Rodrigo, ya no te doy más el tostón. Cuídate mucho y espéranos a la vuelta del camino. Ya sabes que vamos a buscarte.

3 de julio de 2021

Hola, cariño, buenos días. Como novedad te cuento que estamos de vacaciones. No vamos a salir a ningún sitio, porque todavía nos pesan las medidas de precaución, pero tendremos unos días sin obligaciones.

El jueves fue el cumpleaños de Papá y nos vimos un ratito con tu hermano y B. Lo celebraremos hoy en casa también con ellos. Hemos quedado a comer y lo que surja.

Ojalá pudieras venir tú. Y tu familia. Y tu risa, tu ingenio, tu forma de entender la vida. Nos falta todo lo tuyo, Rodrigo. Siempre te echamos de menos. En lo cotidiano y en los momentos especiales. Siempre, sí. Siempre.

Aquí seguimos, hijo, queriéndote y esperándote. Diecisiete años y cuatro meses ya, pero sin olvidarte ni un solo día. Escribiéndote todos los sábados. Pensando en ti.

No dejes de cuidarnos. Millones de besos y abrazos de oso. Con todo cariño, Mamá.

26 de junio de 2021

Hola, Rodrigo, buenos días. Son las siete. Ha vuelto el calor y se nos pasa el tiempo a todo correr. Estamos ya en el último sábado de junio, a punto del cumple de papá. Y de unas vacaciones que se presentan tan atípicas como las de 2020.

Llenamos las horas con obligaciones y esas mil pequeñeces que dan sabor a la rutina. Tú estás siempre en ellas, hijo. En todas las ocasiones. Ya que no puede ser de visita o a ratitos, como tu hermano, te pedimos que vengas de forma virtual. Así puedes quedarte en todo y para ese «siempre» del que te hablaba. Porfa, cariño. Anda, sí.

Es que necesitamos compañía. Es que seguimos aún con bastantes medidas de aislamiento, porque todavía nos toca esperar un mes para la segunda dosis de vacunas. Y otro más para que reaccione el sistema inmune y la vacuna realmente sea eficaz.

Vamos, que no estaremos protegidos hasta finales de agosto. Y hasta entonces nos toca ser incluso más prudentes que el verano previo, porque bastante gente ya no cumple su parte de las precauciones. Con el cansancio pandémico, muchos andan por las calles, despendolados, rechazando medidas sanitarias importantes como distancia y mascarillas.

En resumidas cuentas, que este 2021 tampoco tendremos verano de viajes y salidas. Por prudencia. Quizás para noviembre. Si todo va bien. Lejano, entonces. Casi invierno. Quedan muchos meses. Casi medio año. Pero no me quejo. Estamos todos bien, que es lo importante.

Tú no dejes de pasarte por aquí. Ni de echarnos un vistazo. Ni de cuidar a todos los que te queremos. Como E y N, que esperan con H en la tripita, tiempos mejores.

Millones de abrazos de oso ,hasta prontito: Mamá.