Finales de junio

Los últimos días de junio han sido siempre los que señalaban el muy esperado y necesario fin de curso. Y así los vivimos juntos los veinte que compartiste con nosotros.

Ahora que no estás, tu hermano tampoco y ya no ejerzo la docencia, descubro con sorpresa que ya solo significan que el verano está a la vuelta de la esquina. Es raro.

Veo cómo evolucionan tus amigos. Trabajos, parejas, casas, hijos… Y siempre pienso qué estarías haciendo tú. Algo parecido a lo que hacen ellos, o tu hermano, supongo. Y te echo muchísimo en falta.

No me acostumbro. Parece que sí, y resulta que no. No me conformo. No acepto tu muerte injusta e innecesaria.

Aquí sigo llorándote, cariño 🧡 No te olvidamos. Cuida de todos nosotros, por favor, Rodrigo.

Abrazos de oso 🐻: Mamá.

Sábados

Hola, cariño. Poco que contarte, pero siempre aquí, te escribo. Te pienso. Te quiero.

No te olvidamos. Espéranos.

11 de junio de 2021

En otro de nuestros onces, pienso en ti, hijo. Diecisiete años y tres meses de injusta condena llevamos separados. Espero contra toda esperanza volverte a encontrar.

Ayúdame, Rodrigo.

Te quiere mucho: Mamá.

Junio ya

Buenos días, Rodrigo. Son las seis, hace calor y tenemos las ventanas abiertas, cantan los pájaros.

Poco nuevo bajo el sol. Seguimos las rutinas de siempre, la vida sencilla de nuestra edad y condición.

Aunque hoy será especial. Hoy vienen algunos de tus amigos a visitarnos. Después de meses de aislamiento, y con la disculpa de recoger la novela. También se pasará tu hermano. Nos reuniremos en el jardín, para estar al aire libre. Y me inunda la nostalgia. Ojalá estuvieras tú.

Ojalá.

Te echo de menos, hijo.

Me rondan la pena y la desesperanza. Por favor, Rodrigo, échame una mano. Haz sonar los cascabeles de tu risa.

Te queremos. Te quiero. Pienso en ti. Hasta pronto, cariño, mil abrazos: Mamá.

Último fin de semana de mayo

Hoy te escribiré unas líneas rápidas, Rodrigo. Como otros sábados, lo primero que hago, nada más despertarme, es hablar contigo. Y esta vez no quiero decir nada de pandemias, aislamiento, vacunas o restricciones. En esta ocasión, no apuntaré ni una palabra sobre el miedo y las sensaciones de irrealidad que todavía vivimos.

Hoy solo te cuento que hace calor y se acaba mi segundo curso sin clases, de jubilauta. Y que muchos amigos han participado en la preventa de NINA. Con lo que se van cumpliendo mis mejores expectativas para esta nueva etapa vital.

Desde que cumplí los sesenta tiendo a hacer cálculos del tiempo que me podría quedar. Es una tontada, lo acepto, pues nadie lo sabe; nadie está exento de irse en una fracción de segundo a cualquier edad. Pero a mis años esa es una tendencia razonable, permíteme decirte.

Papá me comenta, cuando se lo explico, que pueden ser lustros, décadas. Y tiene razón. Pero no pasa nada por tener el asunto al menos un poco pensado. Sin miedo. Sin alharacas. Simplemente siendo consciente.

Eso, cariño. Nada más. Que te quiero mucho y te agradezco las ayudas que me mandas. Que vamos a buscarte. Que nos vengas tú al encuentro cuando puedas. Y que te mando millones de besos y abrazos con Papá.

Tu cumpleaños 2021

Felicidades, Rodrigo. Hoy, desde casita, en la oscuridad de la madrugada, pienso en ti. En el día de 1983 en que naciste. En los veinte cumpleaños que compartimos contigo. En lo que duele tu ausencia.

Como regalo secreto y simbólico, usé esta fecha tuya de tu cumple para terminar Nina. Escribí: Getafe, 24 de mayo de 2020. Y, después, mi nombre.

Era cosa entre tú y yo. Solo los más cercanos podían darse cuenta. Por supuesto estabas en las dedicatorias iniciales. Esto era el abrazo de oso que se nos quedó pendiente y que siempre quiero darte. Esto es, y lo digo en presente, la nostalgia de tu compañía, la añoranza de tu opinión de lector empedernido. Y que te quiero.

Tú me devuelves el regalo. Porque el sábado me anunció el editor que hoy llegarían los libros. Tengo que dedicarlos y devolvérselos para que mis lectores los reciban cuanto antes. O repartir en mano los que hayan solicitado entrega local. Hoy. Tu cumpleaños. Antes de lo previsto incluso por ellos. Contra todo pronóstico, porque la impresión se adelantó aprovechando un hueco inesperado.

Gracias, cariño, por tu ayuda. Con estas coincidencias reanimas la esperanza. Te quiero mucho. Espero que te guste la novela. Pero, qué digo, tú no necesitas esperar a que llegue el envío. Tú ya has dicho que te gusta.

22 de mayo de 2021

Querido hijo, aquí me tienes, ha pasado otra semana anodina más. Suben las temperaturas, se anuncia el calor, la gente se lanza a salir a la sierra, a las playas, a las costumbres de antes con ansia. Papá y yo, por contra, seguimos medio confinados. No nos tienta la locura general.

En un par de días será tu cumpleaños. Harás treinta y ocho de cómputo numérico, y nosotros viviremos la tristeza de dieciocho sin tu compañía.

No sé para qué hago estas cuentas tristes, que duelen tanto. Los noventa de mi madre de anteayer y los tuyos de pasado mañana. Parece que no me queda otra cosa contigo ya más que recordarte, hijo. Bien que me duele, pero es lo único que tengo. Por eso no renuncio a ti, ni me conformo. Rebelde hasta el final, hasta que me salgas al encuentro y nos demos ese abrazo que se nos quedó pendiente.

Son las cinco y media. Me he despertado demasiado pronto hoy. Todavía es de noche. En esta oscuridad silenciosa te escribo con el móvil. Porque te quiero mucho. Porque voy a seguir hablándote aunque haya poquitas novedades que decir.

Vuela alto, Rodrigo. Cuídate mucho, sé feliz. Hasta pronto. Con besos, risas y libros, con enorme amor te abraza: Mamá.

San Isidro 2021

Otro sábado más estoy aquí redactando las líneas que unen nuestros dos mundos. Poco nuevo tengo que contarte, pero no dejo de escribirte. No quiero romper la conexión. Buenos días, cariño. Espero que todo te vaya bien.

Aquí andamos en fase de vacunas. La primera fue B, que recibió una dosis por empleada sanitaria, luego me llamaron a mí y hace unos días a Papá. Las segundas dosis ya veremos cómo y cuándo llegan. Supuestamente, en diez o doce semanas nos citarán de nuevo para las nuestras. No se sabe qué van a hacer con las de los trabajadores esenciales, de los compañeros de B o de los míos, además de otros muchos como policías o fuerzas de seguridad. Ahora que todo se va calmando no parece haber tanto interés. Supongo que lo harán ya por sus rangos de edad. Quizá para fines de agosto también incluyan a los de vuestros años y les toque a tu hermano y tus amigos.

Hace calor, se ha acabado el estado de alarma y la gente se echó a las calles como si todo hubiese concluido completamente. Ya no quieren pandemia. Están hartos. Como si su fatiga sirviese para acabar con el virus de un solo golpe. Hacen fiestas, llenan las calles y las playas. Se lanzan a terrazas y centros comerciales, sin distancias, incluso sin mascarillas.

Nosotros evitamos las multitudes, pero ayer mismo nos cruzamos con tres jóvenes sin mascarillas en nuestros paseo por el parque. Como si el virus hubiera desaparecido. Ojalá las vacunas sean contrapeso suficiente a este descontrol popular.

Esta tarde veremos a tu hermano. En exteriores. No dejes de cuidarle, de cuidarlos a B y a él, de velar por nosotros. Ay, cariño, ya sabes que te queremos. Te echo mucho en falta. Te mando miles de risas y libros, pelis y juegos. Y millones de abrazos de oso apretados y dulces, desde casita, de los nuestros.

Nos leemos pronto. Con todo nuestro amor: Mamá y Papá.

11 de mayo de 2021

Diecisiete años y dos meses. Una larga condena es tu ausencia. Te echo de menos. Si estuvieras, qué harías, dirías. ¿Cómo serían nuestras vidas contigo a nuestro lado?

Nunca te olvido. Y menos en nuestros onces. Abrazos de oso: Mamá.

8 de mayo de 2021

Buenos días de sábado otra vez, hijo. Te escribo, como es habitual, tecleando en el móvil. Muy temprano. En medio de esta larga monotonía pandémica.

El jueves vacunaron a papá. Fue un llamamiento rápido. Recibió el aviso el mismo día, con apenas ocho horas de margen. Al menos ya fue. Ahora hay que dejarle tiempo al sistema inmunitario.

El lunes empezó la preventa de mi primera novela publicada. Han respondido muchos amigos, menos mal. La preventa dura, sin embargo, varias semanas. Te iré contando.

Tu hermano y su mujer siguen bien. Los vemos poco, pero estuvimos juntos el día de mi cumpleaños, (en el exterior y con mascarilla, por supuesto).

Las restricciones empiezan a aflojar la próxima semana. La gente ya no las soporta y puede ser que se produzcan rebrotes. Parece que, sin embargo, serán menos graves gracias a la constante vacunación. Yo añado, que también a la responsabilidad de muchos ciudadanos sensatos.

Y eso es lo que te puedo escribir. Ya me gustaría tener noticias tuyas, desde tu universo paralelo. Agradezco, en cambio, las ayudas y guiños que considero tuyos y que alimentan mi esperanza. Sigue enviándonos esos rayitos de luz, por favor, Rodrigo.

Te queremos. Vamos a buscarte. Hasta pronto.