
Siento que te estoy contando nimiedades y las mismas aburridas cosas, Rodrigo.
Perdóname.
Solo pretendo mantener esta levísima conexión contigo, con la esperanza de que me leas o me oigas, desde dondequiera que estés. Desde algún lugar que deseo que exista, para así poder pensar en volver a abrazarte.
Ay, hijo, sigue siendo difícil vivir sin ti.









