24 de octubre de 2026

No es posible, ¿sábado otra vez? Buenos días,  Rodrigo. Aquí me tienes,  escribiéndote las mismas impresiones de tempus fugit y de nostalgia por tu compañía de todas las semanas.

Han llegado ciertos fríos, tampoco te creas que muchos, y el otoño por fin se desliza suavemente por el jardín.

Papá, tu hermano y yo vamos cumpliendo metas despacito, pero la sensación temporal es de extraña rapidez. Y en el mientras tanto no te olvidamos. Ni nos aburrimos, por cierto.

Mañana comemos con E y N. Todos juntos. Ojalá fuese también contigo.

Y puedo contarte poco más, hijo. Que te seguimos queriendo con todo nuestro corazón. Y que, porfa, cariño, nos sigas cuidando.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Mediados de octubre

Otros años por estas fechas las hojas de los árboles lucían mas otoñales. Este 2026  parecen no comprender el clima loco. Hace un calor desconcertante, no termina nunca el verano.

Ay, Rodrigo querido, con tu ausencia y el cariño por ti latiendo fuerte en nuestros corazones, y en medio de caos climáticos y políticos, resistimos, hijo.

Trabajamos por la Aso, inmersos entre virus griposos, cada día ocupadísimos en mil afanes. A veces rezongando que no queríamos estas tareas extra. La verdad, conste que esto lo hacemos contigo y por ti.

Siempre por ti.

Te queremos.

Sábado de teatro y domingo 11

Buenos días, Rodrigo.

Desde casa, con amor, te pasamos entrada virtual para ver un monólogo. De los que te gustaban, te gustarían, si estuvieras. Ven con nosotros, anda, hijo.

Saldremos de la rutina. Nos hace falta. Andaremos muy cerquita de las acampadas de Sol por la vivienda. Y a esto, también, vente, porfa, hijo.

Vente a tu estilo sutil, como cuando nos acompañaste al 15-M, también allí, en 2011.

Siempre contigo, aunque ya no estabas entonces, aunque tampoco ahora, te llevamos con nosotros.

Del mismo modo en que fuimos juntos, contra la guerra, en 2003, seguimos siendo cuatro.

Para siempre.

PD: De regreso a casa, desde el teatro, ya es día 11. Gracias por la compañía, un poquito de tu hermano y un poquito tuya. 

Octubre

Buenos días de sábado, hijo. Otra vez siento que han volado las horas, y los días, y que apenas hace un instante te acababa de escribir las últimas palabras. Tempus fugit irreparabile.

Tu pequeña familia sigue avanzando, con esfuerzo emocional. La vida continúa, con sus miserias y las grandezas, lo cotidiano.

Y sin ti.

Eso es lo horrible: siempre sin ti.

Lo que no acepto, que es, que sea para siempre.

Me niego, me llena de coraje. Todavía. Aunque hayan pasado veintidós años y siete meses.

Por favor, Rodrigo, tenme paciencia. Y espérame.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Se nos acaba septiembre

Se nos acaba, sí, qué rápido pasan los días, y tú sigues lejos, ausente, con tu sonrisa desdibujada y tus veinte años eternos.

Me dieron ese premio del que te hablé la semana previa. Estuvieron familia y amigos. Es un honor y lo agradezco. Sin embargo, tú lo sabes, nada me impresiona desde que no estás tú.

Ojalá lo vieras, te acercases a vernos. Quiero imaginarte así,  mirándonos.

Ojalá hubieses estado, con todos los demás, en la fila 5, entre risas, lágrimas y aplausos.

Nunca me acostumbro a tu ausencia, hijo. No dejes de cuidar nuestros caminos, para que lleven hasta ti.

Te envío risas. Y música,  libros, juegos y besos. Ay, Rodrigo, y, por supuesto, en piña, nuestros proverbiales abrazos  de oso.

Con cariño: Papá, Mamá y G.

Mediados de septiembre

El lunes recibo un premio,  cómo me gustaría que estuvieras en la gala, hijo. Te citaré,  pero eso no te trae de vuelta. Te echamos de menos.

Siempre se nota tu falta, pero tu ausencia se hace más dolorosa, más vívida y densa en los momentos especiales.

Yo quiero,  querré, querría tenerte cerca. Y es desesperante  constatar que no es posible. Una y otra vez, Rodrigo.

Así que, cariño,  pásate discretamente por allí. Acompáñanos. Por favor.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

La vida sigue

Buenos días, hijo. Poco nuevo te puedo contar, porque te escribí ayer mismo. Así que solo añado cuatro líneas, chiquititas, y todo mi amor con ellas.

Rodrigo, hijo, no dejes de cuidarnos, porfa.

Te enviamos muchos abrazos en piña Papá, Mamá y G.

11 de septiembre de 2026

Hoy es fecha redonda,  hoy hacemos  22 años y medio sin vernos, Rodrigo. Hoy es el 25 aniversario del 11-S, antesala de nuestro horror. También del golpe de estado contra Allende,  en  Chile. Mal día,  mala fecha esta de hoy.

Pero, por favor,  que no prime la maldad.  Como cada once, te escribo que no te olvidamos, que seguimos queriéndote, queriéndonos todos, nuestra pequeña familia de cuatro.

Y que vamos en tu busca.

Solo eso importa, hijo querido.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

5 de septiembre de 2026

El tiempo vuela. En un parpadeo resulta que es sábado otra vez y te escribo unas líneas, Rodrigo. Aunque se me hace extraño decir, anotar, tu nombre, porque hace demasiado que no estás.

Ay, hijo.

Ayer tarde, transpuesta en el sofá, te vi en sueños un instante, sentado en la sala de espera de la dermatóloga. Supongo que porque justo fui a esa consulta el jueves. Pero, llámame simple, me hizo ilusión haberte visto, esa imagen nítida, tu aspecto juvenil y de aparente normalidad.

Porque es muy poco ya lo que tenemos de ti.

No dejes de cuidarnos, cariño.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Último sábado de agosto

Hola, cariño, buenos días desde la oscuridad de una  madrugada fresquita por fin.

Mientras la casa, la calle y el barrio entero duermen, yo te escribo.

Vuelven los usos y costumbres de septiembre. No hemos dejado de hacer cosas estas semanas vacacionales, aunque a medio gas. Ahora intentaremos volver a las rutinas sin que nos agobien las obligaciones. Contigo siempre en el corazón.

Esta tarde vemos a tus amigos E y N.  Con tu hermano. Un poco también estarás tú.

Y así va nuestra vida sin ti, sin dejar de pensarte o quererte. Ocupada. Intentando que sea razonablemente plena.

Te mando muchos abrazos. En piña familiar. Y libros, pelis, risas, juegos… No te olvidamos, Rodrigo.