
Hoy, en nuestra casa, nos despertamos oliendo a humo. Aunque esté a kilómetros de distancia, el fuego ha desalojado a miles de personas y se aproxima a Madrid. Así empieza nuestro día y la pequeña charla contigo de todos los sábados. No hace falta irse a Asturias, como el agosto de 2025. Esta vez nos ronda más cerca.
Papá y yo resistimos, tu hermano salió de vacaciones, la vida se simplifica durante estas jornadas de calor. Y mientras los días pasan, disfrutamos de esa sencillez y de la compañía mutua. Porque tenemos muy aprendido, tristemente aprendido, que la felicidad es eso. Y que se puede romper en un instante.
Ay, Rodrigo, por favor, hijo, tú no dejes de cuidarnos.
Millones de besos de estrellas: Mamá.


















