18 de septiembre de 2021

Ayer fue el cumple de tu tío J, el segundo que espero hayais celebrado juntos. Hoy empieza un puente hasta el martes en nuestra pequeña ciudad, por el cambio de las fiestas (de mayo a septiembre) debido a la pandemia. Y el lunes se levantan gran parte de las restricciones en la comunidad de Madrid, porque con las vacunas parece que podemos ir volviendo a la normalidad. Eso esperamos. Aunque seguimos con mascarillas y cuidados mínimos.

¿Y tú qué tal?

G sigue con nosotros y la reforma va avanzando en su casita. Creo que queda menos de un cincuenta por ciento de trabajo. Y ya pronto podrán volver a su vida cotidiana.

Poco más puedo contarte, Rodrigo. La rutina vital esta, tan absurda sin ti, sigue adelante y yo procuro vivirla con consciencia. La aprovecho, porque sé que no hay vuelta atrás. Pero te añoro siempre. No dejes de pasarte a echarnos un vistazo, porfa, cariño. Te queremos. Muchísimo.

A veces atisbo qué hay al Otro Lado, ese en el que estás, como se ve en la foto: haciendo extraños equilibrios que enseguida se me desmoronan. Te lo digo de nuevo, vente por aquí y ayúdanos. Anda.

Besos, abrazos, canciones, libros, series, pelis, juegos nos hablan de ti. Te los compartimos. Recibe miles de cariños de la pesada de… Mamá.

11 de septiembre de 2021

Fue hace ya veinte años. Sin saberlo, fuimos testigos en directo del principio del mal. Estábamos en casa, comiendo con la tele de fondo. Los cuatro. Juntos.

Treinta meses después sucedió aquí. Te asesinaron con cruel premeditación, con absurdas, malvadas ansias de causar el mayor daño posible.

Te arrancaron de nuestra familia y nos dejaron solos, para siempre sin ti.

Hoy recordamos.

Sentimos la misma ausencia y el mismo dolor que otros muchos en USA, en Gran Bretaña, en Francia… en tantos lugares donde la locura yihadista atacó. El fanatismo, la imposición y la locura.

Te escribo desde casa, Rodrigo. Con tu nombre en los labios y tu recuerdo en el corazón. No te olvidamos. No nos olvides, hijo. Haz que nos volvamos a encontrar.

4 de agosto de 2021

Hola, Rodrigo, buenos días, qué tal. Una semana llevamos compartiendo con G sus tres días de obra. De momento, todo bien. Disfrutando de la mutua compañía aquí, en esta casa, y apenas empezando la reforma en la suya.

Ha llovido por primera vez en todo el verano. Torrencialmente, eso sí. Y ya no hace tanto calor. Que G ande por aquí ha recargado todo con su energía joven, con lo que me siento mucho más animosa.

También estamos muy alegres por la llegada de H, el niño de E y N. Ha tenido que ser antes de tiempo, por razones médicas, y todavía está en la incubadora, pero progresa adecuadamente.

Espero que sigas pasándote por aquí, que compartas alegrías y afanes con nosotros. Por favor, cariño, sigue echándonos una mano.

No te olvidamos. Abrazos gigantes: Mamá.

Fin de agosto

El calor me ha despertado demasiado pronto, ya no puedo dormir más. Son las cinco y media, es sábado, toca escribirte, Rodrigo. Perdona si no lo hago con suficiente lucidez.

Todos en general (los amigos y conocidos, tu hermano) regresan de sus vacaciones. Me llegan sus ondas nostálgicas de ciclo que acaba, y las entre optimistas y resignadas de comienzo de un curso nuevo. Sin embargo, en mi percepción personal no ha habido ruptura alguna. Llevamos meses haciendo las mismas cosas, siento que vivo en un presente continuo.

Hasta ahora. Porque en pocos días G empieza una reforma en su casa y se refugiará aquí con nosotros. Confieso que ese cambio me asusta, pero creo que nos vendrá bien salir de la rutina. Será el antídoto perfecto para no acomodarnos.

Tengo que contarte que tu hermano se esfuerza un montón, se multiplica, para cubrir tu ausencia. Que procura ayudarnos, agradecernos, apoyarnos por él y por ti. Es un amor en ese sentido, pero sigue siendo rarísimo que tú no estés.

Y como no me conformo, quiero contar también contigo, hijo. Con lo que tú puedes hacer, desde la distancia, en tu mundo sutil. Así que, échanos una mano, porfa, en este mogollón en el que nos hemos metido. Que todo salga razonablemente bien. Que resulte llevadero.

Y en el mientras tanto, seguimos yendo a buscarte, cariño. Con besos, abrazos, risas, libros, series, pelis, música y juegos. No te olvidamos, Rodrigo. Te queremos.

21 de agosto de 2021

Hay veces en que pienso que no voy a volver a verte, Rodrigo. Y lloro.

Hoy es uno de esos días.

Hay ocasiones en las que me exijo a mí misma mi deber de asumirlo.

Hay fases en que acepto el inmenso dolor de constatar que esta existencia absurda es todo lo que tenemos.

Entonces te pido ayuda, Rodrigo. Te ruego que me mandes avisos, señales de vida para sobrellevar estos largos años sin ti con esperanza de reencuentro.

Y van llegando canciones, pelis, visitas de amigos, llamadas, serendipias sorprendentes…

Podría contar muchísimas, pero se me olvidan. Solo sirven para momentos fugaces.

Luego, mi pobre mente diminuta regresa al escepticismo y a la pena de tu muerte, hijo querido.

Este sábado entre los cumpleaños de tu prima C y de tu hermano, a las seis de la mañana, te escribo con el alma dolorida. No sé si recibes mis escritos, pero yo sigo intentando hacértelos llegar.

Te quiero, Rodrigo. No te olvido. Te abrazo en la distancia. Espérame.

14 de agosto de 2021

El cáctus de la ventana de la cocina ha florecido dos veces este verano. Dos hermosuras de poco más de veinticuatro horas. Belleza efímera. Vida breve que disfrutamos al contemplarlas, que añoramos con nostalgia cuando vemos su levísima consistencia.

Así fuiste tú.

Te cruzaste unos años en nuestro humilde sendero. Creíamos que seguirías caminando cuando tu padre y yo ya no estuviéramos, que serías compañero leal de tu hermano, que veríamos a tus hijos y, con un poco de suerte, a los hijos de tus hijos.

Pero no fue así.

Y desde hace demasiado tiempo buscamos cómo continuar este viaje en que no estás.

Sigo sin saber qué hacemos en este mundo extraño, plagado de asuntos miserables y a la vez belleza y dulzuras extremas.

Después de la fase de buscar desesperadamente y de la de acumular conocimientos varios, por ver si alguna cosa de todo ello nos servía, estamos en la de aceptar que nunca encontraremos la respuesta.

A lo que no renunciamos es a hablarte, a decir tu nombre, a pedirte ayuda, a esperar el reencuentro. No dejes de volar, Rodrigo. Te queremos.

Nuestros onces

Ayer estuvimos con tu hermano y con Rodo. Hoy madrugo mucho y te escribo. A menudo pienso en que la felicidad es que estuvieras aquí.

Luego me doy cuenta de que es tu ausencia la que me hace valorar tu compañía. Una paradoja enloquecedoramente absurda.

Te quiero, Rodrigo. Estés donde estés. Con millones de abrazos, canciones y juegos, libros, pelis y viajes sigo diciéndote que no te olvidamos. Vuela alto. Volveremos a vernos.

Agosto

Es muy temprano. Todavía no ha amanecido. Las ventanas abiertas traen hasta mí los ruidos habituales. Tú eres, Rodrigo, mi prioridad cada mañana de sábado. Buenos días, hijo. Pienso en ti.

Se me hace dura esta vida con tu ausencia. Te echo en falta. Me enfado. Me angustio. Desespero. Y vuelta a empezar.

Vivimos ya treinta años en esta casa. Más de la mitad bregando con tu habitación, tu silla y tu cama vacías. Es odioso constatar que no estás. Y que no vas a volver. Y que llevamos diecisiete años y cinco meses de esta tortura injusta. Y que es una condena para siempre.

Simplemente te escribo, te llamo, mantengo abierta la conexión entre los dos. No pude evitar que te arrancaran de nuestro lado, pero sigo buscándote. No renuncio, no me acostumbro, no me resigno. Tú, por favor, hijo, sigue enviándonos instrucciones para resistir.

Abrazos de oso. Te queremos los tres: Papá, Mamá y Gonzalo.

31 de julio de 2021

Hoy no te hablaré del calor, ni del paso del tiempo, ni de monotonía, ni de ausencias.

Hoy, Rodrigo, solo apunto aquí que me llegaron tus mensajes. Y que resisto con ellos.

Y que te quiero.

24 de julio de 2021

Buenos días, Rodrigo, ¿qué tal estás?

Nosotros seguimos bien, sumidos en lo codidiano, sin viajes excepto una escapada de horas a Cercedilla. Fuimos a echarle un vistazo a la vieja casita de vuestra infancia y a darnos un paseo por las dehesas. Fue tan breve que ahora, al recordarlo, me parece un sueño.

Poco te puedo contar. Monotonía, calor, cierta serenidad conquistada a cambio de rutina monocroma. Hoy veremos a tu hermano, pues hace ya dos semanas de la última vez. Papá tuvo unos días, pero sigue trabajando todo el verano y no sabemos cuándo disfrutar de vacaciones. Tenemos pocas ganas de ir lidiando con las multitudes y eso nos paraliza.

Tristes sin ti. Tú eres lo único que nos falta. Ojalá estuvieras aquí, Rodrigo.

Esperando volver a encontrarte, seguimos este camino vital tan extraño. No dejes de hacernos guiños, hijo. Para que no perdamos la senda.

Te queremos. Muchos abrazos de oso: Mamá.