Días de emociones

Hola, cariño, te anoto estas líneas desde la buhardilla que un día compartimos, hace mucho tiempo ya, antes, muy antes…

Acabo de volver de un evento en el que hablé de ti. Es agridulce esto de nombrarte y contar de nuevo lo que pasó el día en que te perdimos. Pero lo hago. Contigo en el corazón.

He dormido diez horas, algo inusual en mí, fue un asunto cansado física y emocionalmente. Pero ahora, sabes, Rodrigo, cincuenta personas más conocen tu nombre y saben de ti.

Te queremos, nunca lo olvides, hijo. No dejes de cuidarnos, por favor.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Tempus fugit

Hola de nuevo, Rodrigo, cómo pasan los días, apenas me he dado cuenta y ya estamos a mitad de mes. ¿Y tú qué tal sigues? ¿Razonablemente bien, como nosotros?

Todavía me muevo entre actividades variadas, lo que me da un objetivo para no perder el norte, pero también su punto de ansiedad. No me quejaré nunca de estos hitos que van salpimentando nuestra vida, aunque me causen un poquito de vértigo o de estrés. De lo que me quejo es de tu ausencia.

Seguimos, continuamos, resistimos, avanzamos este largo camino sin ti pero en tu busca. No nos olvides, hijo, porque nosotros nunca dejamos de pensarte y quererte.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

11 de abril

Regresamos al conteo de los días once. Hola, cariño. Aquí me tienes, redactándote estas líneas y pensando en ti.

Siempre pensando en ti.

Este es es primer mes del cómputo de un nuevo tiempo. Ahora comenzamos, tú allá y nosotros aquí,  un periodo en que tu ausencia será mas larga que los años en que estuvimos juntos. Veinte contigo. Camino de veintiuno sin ti. Y a saber hasta dónde llegaremos.

Fuiste un regalo fugaz, hijo.

Pero te queremos tanto como entonces. Te vamos a seguir queriendo siempre. Hasta que llegue nuestra hora y salgas a buscarnos.

En abril aguas mil

Hola, cariño, buenos días entre lluviosos y soleados, lo esperable en este mes y en la primavera. ¿Y tú, hijo?, ¿qué tal todo? Ojalá pudieras contestarme. Ay, Rodrigo.

Papá y yo seguimos, no nos dejamos abatir. También tu hermano.

Y el asunto es que lo cotidiano no termina de llegar, porque todavía estoy implicada en tres o cuatro actividades que me sacan de esa dulzura necesaria. Aunque, como siempre te digo, no me quejo. Me gusta seguir hablando de ti, no importa que me cueste un poco más de estrés.

Veinte años sin ti, hijo. Lo mismo contigo que sin ti. Y ahora empezando un cómputo más largo para tu ausencia que para tu compañía. Me duele pensarlo, sentirlo. Pero es que no tengo otra manera de alcanzarte, solo puedo continuar andando hasta que llegue a ti. ¿Me esperarás?

Miles de besos, libros, series, canciones, bailes, juegos y abrazos de oso. No te olvidamos. Siempre cuatro: Papá, Mamá y G.

Último sábado de marzo

Buenos días, hijo. Acabo de darme cuenta de que es sábado y no te había escrito. Con papá aquí de vacaciones pierdo la cuenta del tiempo.

Nunca es tarde, sin embargo, para ponerte unas líneas, hijo. Desde la lluvia, la primavera de flores y de hierba, con árboles y paseos por las sendas que tú también viviste.

Regresamos despacito a la serenidad. Cuanto podemos. No es fácil.

Tú siempre nos faltas. No dejes de velar por nosotros, cariño, que lo necesitamos muchísimo.

Millones de abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

Por fin un día cualquiera, aunque aún de marzo

Ya tenemos camelias rojas. Y tu árbol, perdiendo las flores, ha llenado de pétalos el coche y la entrada de la casa. Como si hubiera nevado nieve rosa.

Por fin se acabaron las prisas y los fastos. Hay nuevas noticias que contar, así que ya no ocupamos las portadas. Y podemos volver a la rutina. A los ritmos tranquilos que acarician el alma.

Hace un calor inusitado, aunque tal vez llueva, el cielo está indeciso. ¿Y cómo estás tú, Rodrigo?

Papá y yo resistimos. También tu hermano. Resistimos. Esa es la palabra. Ahora nos toca recuperar el resuello. Tú vuela muy alto, cariño. Pero no nos dejes de cuidar, porfa, porque siempre te necesitamos.

Abrazos de oso de los tres, haciendo melé contigo. Y una piña de cuatro. Te queremos.

El sábado después del 11

Por fin se ha pasado la fecha, aunque no del todo las actividades en este aniversario redondo, hola, hijo, espero que estés muy, muy bien.

Aquí los tres seguimos razonablemente indemnes, que no es poco.

Algo estresados. Cansadísimos. Pensándote todo el tiempo.

Tú, porfa, ayúdanos desde donde estás, Rodrigo. Te envío flores de los prunos, que este año han brotado prontísimo, y camelias blancas (las rojas todavía están por salir). Y millones de abrazos, cariños, mensajes de amigos, pelis, libros, series, canciones, juegos; y todo nuestro amor.

No me da el magín para escribirte frases más ocurrentes, pero del corazón siguen fluyendo toneladas de cariño para ti. No te olvidamos, cielo. Te queremos. Siempre cuatro contigo: Papá, Mamá y Gonzalo.

11 de marzo de 2024, veinte años sin ti

Te quise desde que te supe dentro de mí y no he dejado de quererte. Ni en los veinte años que estuviste con nosotros,  ni en los otros veinte que te hemos llorado largamente.

Este aniversario vigésimo ha estado, sigue estando,  llenito de actividades. Te escribo en el insomnio de despertar temprano, con el silencio de la casa a oscuras, pensándote. Y tú andas demasiado lejos, casi una ensoñación, inasible, hijo.

Tu hermano se resiente más que nunca. Papá y yo sacamos fuerza de flaqueza,  no sé de dónde, desde el amor siempre.  Porque es lo que nos hace resistir. Y lo que nos une a ti, con lazos irrompibles, eternos.

Mañana haré un viaje relámpago. Ojalá salga bien.  El jueves seguiremos en la brecha.  Y la siguiente semana.  En tu recuerdo.  En tu nombre.

Ojalá supiera escribirte mejor, Rodrigo. El cansancio emocional me pasa factura. Pero tú lo entiendes y no  le das mayor importancia  a esta pobreza de mis líneas. Gracias.

Vuela alto,  cariño. Y no nos dejes de cuidar.

Millones de abrazos de oso. Te quieren hasta el infinito que ahora habitas: Papá,  Mamá y Gonzalo.

9 de marzo de 2024

Hoy se me hace difícil escribir. No me gusta la fecha por su cercanía a la otra, la tremenda, la del día que nos separó.

Qué puedo decirte, hijo.

Esta vez de número redondo parece que se acuerdan de lo que sucedió. De ti.

Nosotros jamás te olvidamos,  Rodrigo.

¿Cómo es posible que redactar estas pocas líneas me siga haciendo llorar,  todavía,  veinte años después?

Volveré a ponerte unas frases el día once.

Te quiero.

Marzo 2024

Hola, cariño,  buenos y fríos días.

En este aniversario vigésimo estamos hablando de ti, de vosotros,  nuevamente, en los medios. Y eso remueve la tristeza y el dolor por vuestras ausencias.

Te abrazo en la distancia.

Te abrazo fuerte.

Ayer mismo, desde la pasarela sobre el andén 2 de Atocha,  en una entrevista para la radio, te pensé con la misma incredulidad de hace veinte años. No podía ser, no podia ser que allí hubiera pasado todo, que allí, en ese lugar anodino,  te arrancaran la vida.

Aunque hayan pasado veinte años sigo sin entender por qué te marchaste para siempre.

Y te echo en falta más que nunca.

Por favor,  Rodrigo,  quédate a mi lado, como en las fotos de entonces,  cada vez que te vuelvo a llorar.

Te quiero.  No te olvido, nunca lo haré. No nos olvides tú,  hijo. Últimamente me aterra eso.

Te abrazo muchísimo.  Con abrazos de oso. Ojalá los sientas.