Incendios

Hoy, en nuestra casa, nos despertamos oliendo a humo. Aunque esté a kilómetros de distancia, el fuego ha desalojado a miles de personas y se aproxima a Madrid. Así empieza nuestro día y la pequeña charla  contigo de todos los sábados. No hace falta irse a Asturias, como el agosto de 2025. Esta vez nos ronda más cerca.

Papá y yo resistimos, tu hermano salió de vacaciones, la vida se simplifica durante estas jornadas de calor. Y mientras los días pasan, disfrutamos de esa sencillez y de  la compañía mutua. Porque  tenemos muy aprendido,  tristemente aprendido, que la felicidad es eso. Y que se puede romper en un instante.

Ay, Rodrigo, por favor, hijo, tú no dejes de cuidarnos.

Millones de besos de estrellas: Mamá.

Mediados de julio

Hola, hijo, buenos días desde casita.

Después de dos semanas fuera, se agradece la dulzura de lo conocido, del hogar que arropa alma y cuerpo.

Ojalá estuvieses aquí.

Nos faltas, Rodrigo. Tenemos ese hueco de tu ausencia clavado para siempre en el corazón.

La vida transcurre plácida estos días de casi vacaciones. Solo duele que no estás.

Sigue doliendo. Dolerá siempre.

Te mando cariños, risas, pelis y series, poemas, novelas y juegos. Los que habríamos compartido si estuvieras.

Y millones de abrazos de oso.

Te queremos.

11 de julio de 2026

Otro once de los nuestros llega hoy y tú sigues lejos, Rodrigo.  Veintidós años lejos.

Aquí hace calor y la casa se siente pesada. En unos pocos días fuera nos hemos acostumbrado a mejor clima y ahora nos resulta extraño este nuestro de todos los veranos.

Y tú, ausente, ajeno a los cambios climáticos, eternamente joven, no nos saliste a recibir, ni nos enviaste un mensaje de bienvenida, como hizo tu hermano.

No estás.

Y eso es todo, hijo. Por más que yo me esfuerce, no te encuentro.

Ojalá me leas, ojalá nos mires y nos cuides.

Nosotros no te olvidamos, cariño. Siempre contigo y siempre cuatro. Millones de besos: Mamá.

Sábado 4 de agosto

Hoy casi se me va escribirte, en medio de la vorágine, había perdido el sentido del tiempo y pensaba que era viernes.

Pero no. Heme aquí de nuevo, Rodrigo. No te olvidamos.

Con amigos, en el mogollón de las multitudes y del calor, te envío los miles de cariños, de siempre.  Y de bromas, de risas, de libros, de yacimientos arqueológicos y de esa complicidad que la distancia no ha logrado romper.

Abrazos de oso: Papá y Mamá, por fin de vacaciones.

27 de junio de 2026

Ya casi de vacaciones,  te anoto estas pocas frases, hijo, para recordarte que seguimos.

Que continuamos, que resistimos.

Convencidos o no, esperanzados o hartos, medio alegres o medio tristes, aquí nos vas a encontrar, Rodrigo. Siempre con tu nombre en los labios y tu cariño templando nuestro corazón,

Cuida nuestros pasos y espéranos.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

20 de junio y ola de calor

¿Dónde estás,  hijo?

Desde casa, desde este final de curso ya sin clases, te envío, te enviamos, cariños. Ojalá los recibas. A veces pierdo el resuello y me falta el ánimo.

Es difícil ser tres. Añoro los tiempos en ser cuatro parecía fácil y era lo normal,

Pero, en fin, sigo, seguimos. Poco más puedo escribirte.  Con este bochorno apenas eso  es lo que somos capaces de conseguir,

No dejes de cuidarnos, porfa, Rodrigo.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Ahora, ayer, mañana

Aquí seguimos. A veces, enfadados; a veces, tristes. Querido Rodrigo, qué largo es este sendero, y qué tortuoso. Ojalá estés guiándonos, ojalá nos esperes a la vuelta del recodo, hijo. Porque se hace muy cansado.

Quizá es que necesitamos ya unas vacaciones. Ojalá sea solo eso.

Mientras tanto, te envío millones de risas, cariños, abrazos y juegos. No nos olvides, por favor. Nosotros siempre te nombramos y queremos.

Siempre, siempre, siempre.

11 de junio de 2026

Aquí estamos, Rodrigo, 22 años y 3 meses después, recordando los días 11, echándote de menos.

Nos vamos haciendo viejos y tú sin venir a casa, sin terminar tus estudios, sin formar una familia… todo sin ti.

Te escribo entre la rabia y la estupefacción, la pena y el desencanto.

Ojalá me leas, me mires y me sigas, hijo. Por favor.

Mándanos mas ayuda. Y consuelo. Serenidad y ganas de vivir.

Porque continuar sin ti es difícil y dan ganas de rendirse.

Millones de abrazos de oso:Mamá.

Junio ya

Hola, hoy solo te pongo unas frases y ya continúo después,  cuando sea posible. Tenemos obligaciones de la Aso.

Y las asumimos por ti, que conste.

A veces es cansado. Pero lo que se hace por amor se mantiene.

Nos vemos esta tarde. Porfa, ayuditas y cariños: Mamá,

UNAS HORAS DESPUÉS: Todo sigue bien. Terminamos agotados, pero contentos. Y es que seguimos peleando por ti, los otros 192, los dos mil heridos. Y por la memoria verdadera de lo que os sucedió.

Aunque pasen los años, ya 22 y casi tres meses,  nos duele tu ausencia. Nos duele mucho la injusta separación,  la crueldad de las mentiras interesadas, la enormísima falta de humanidad de los asesinos y la de los que quisieron tapar sus responsabilidades.

Es siempre demasiado doloroso.

En estos días de visita papal, seguro que te acercas con la tía Pepita, y las abuelas, ay, Rodrigo, por aquí. Ojalá fuese posible. Ojalá pudiera verte, veros,

Por favor, no nos olvides, hijo. Porque nosotros no te olvidamos.

Más abrazos, más besos, mas millones de cariños: Mamá,

Sábado 30 de mayo de 2026

Te escribo temprano,  como ya es costumbre,  Rodrigo. Las ventanas abiertas dejan pasar el ruido sordo del tráfico,  lo que indica que sopla viento del noroeste. También se oye trinar a algunos pájaros,

Se ha instalado el calor, estamos en fiestas, y nos puede el cansancio. A ver si el finde nos alcanza para descansar.

El próximo sábado tenemos la Asamblea,  y la visita del Papa. Ay, cómo lo habría disfrutado la tía Pepita… Después, espero,  un poco de tranquilidad. ¿Y tú? Nada nos consuela de tu ausencia.  Nada ocupa el hueco que dejaste,  solo el cariño que te tenemos,  hijo.

Y con ese amor seguimos.

Millones de abrazos de oso: Mamá.