Sábado 4 de agosto

Hoy casi se me va escribirte, en medio de la vorágine, había perdido el sentido del tiempo y pensaba que era viernes.

Pero no. Heme aquí de nuevo, Rodrigo. No te olvidamos.

Con amigos, en el mogollón de las multitudes y del calor, te envío los miles de cariños, de siempre.  Y de bromas, de risas, de libros, de yacimientos arqueológicos y de esa complicidad que la distancia no ha logrado romper.

Abrazos de oso: Papá y Mamá, por fin de vacaciones.

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