
Hoy casi se me va escribirte, en medio de la vorágine, había perdido el sentido del tiempo y pensaba que era viernes.
Pero no. Heme aquí de nuevo, Rodrigo. No te olvidamos.
Con amigos, en el mogollón de las multitudes y del calor, te envío los miles de cariños, de siempre. Y de bromas, de risas, de libros, de yacimientos arqueológicos y de esa complicidad que la distancia no ha logrado romper.
Abrazos de oso: Papá y Mamá, por fin de vacaciones.









