13 de agosto de 2022

Buenos días, hijo. ¿Cómo estás? Aquí sigue el calor. Ahora mismo, a las siete de la mañana y en la buhardilla, el ambiente es sofocante. No sopla ni un poquito de brisa. No refresca. Vivimos un verano tórrido, saliendo poco a la calle, menos mal que romperemos esta ardiente rutina dentro de poco.

En una semana celebraremos con tu hermano y su mujer nuestro 40 aniversario de boda. Contigo llegamos al vigésimo, pero el 25 ya lo celebramos sin ti. Bueno, decir «celebramos» es una figura retórica: lo tuvimos en cuenta, hicimos un viaje, pero entonces tu ausencia dolía tanto…

Eso es lo que te puedo contar de ahora, que ya no duele tantísimo, que te echamos en falta pero el hueco en el corazón que todavía tenemos, que tendremos siempre, ya no nos impide respirar.

Papá y yo envejecemos. Se nos nota poco aún, pero ese es el camino. Vamos juntitos, de la mano, en tu busca. Sin dejar de cuidar de tu hermano mientras estamos aquí, por supuesto.

A veces pierdo la esperanza de volverte a encontrar.

Pero aquí sigo. Porque es la única forma que conozco de no perderte la pista.

Que volvamos a vernos, Rodrigo. Espéranos.

Jueves 11

Hasta ahora, las 11:11, no he caído en la cuenta de que hoy es nuestro día de charla mensual. Todos los onces te pienso, Rodrigo. Hoy, también.

Continúa el calor insoportable, Papá tendrá vacaciones en breve, incluso compartiremos algunos días con tu hermano y su mujer.

Pero seguimos sin ti. Parece que nos acostumbramos a tu ausencia y de repente necesito contarte algo y no estás. Cuánto me gustaría compartirte mil cosas pequeñas, cotidianas y a la vez valiosísimas. De las llamativas e importantes mejor ni hablamos, ¿para qué?

Te echo en falta. Eres un hueco en mi vida y un lugar muy dolorido en mi corazón, hijo. Procuro no dejarme invadir por la pena, pero siempre está ahí, agazapada, al acecho, esperando el momento más inesperado para atacar.

Que volvamos a vernos. Te quiero.

6 de agosto de 2022

Al parecer tenemos que acostumbrarnos a este calor, ay, buenos días, hijo, y calurosos. Nunca había sufrido tanto como este verano. Dicen los expertos que ese es el camino horrible que nos espera tras nuestro poco respeto por el medio ambiente. Muchos temblamos solo de pensarlo y todavía hay algunos que se niegan a aceptar evidencias como esta ola de altísimas temperaturas, o la nevada gigante que nos tuvo quince días incomunicados. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Por fin tu hermano y B tienen vacaciones, Papá todavía no. Por eso seguimos juntitos en casa, haciendo lo posible para sobrellevar este bochorno insoportable. No refresca ni de madrugada. Estoy en la buhardilla, escribiéndote, como es mi costumbre de sábado. El termómetro exterior marca 24,5ºC, el interior 29. Abro todo por ver si entra una brizna de aire, pero mi triste experiencia es que cuando por fin baja la temperatura interna un grado, ya se iguala con la de fuera y tengo que cerrar.

Mira qué cosas tontas te cuento, Rodrigo, lo de cada día. Ojalá me oigas. Te echo de menos y me asalta la duda eterna de si volveré a verte alguna vez. Haz lo posible, cariño, por hacerte notar. Nosotros vamos en tu busca. Ven tú a nuestro encuentro, anda. Es que dieciocho años son muchos sin ti.

Abrazos de oso. Te queremos. Te llevamos siempre en el corazón.

30 de julio de 2022

Hola, cariño, buenos y tórridos días. Hace calor, sigue haciendo calor, no ha dejado de hacer un calor tremendo desde que te escribí la última vez.

No tengo mucho nuevo que contarte, Rodrigo, pero te anoto estas líneas con todo mi amor de madre pesada y dolorida, porque no quiero perderte el contacto, aunque sea este ínfimo de escribirte cada siete días. Ojalá pueda sentir tu respuesta.

Estamos bien. Todos, al menos de momento.

Te queremos, hijo. Vuela alto, no dejes de volar. Millones de abrazos de oso: Mamá.

Otro sábado de julio

Hola, hijo, te escribo muy temprano, buscando el frescor de la madrugada con las ventanas abiertas. Buenos días.

Hoy comeremos con tu hermano y B, hoy empezaremos a planificar los días de viaje que compartiremos dentro de unas semanas. Ojalá estuvieses aquí Rodrigo. Sería tan hermoso viajar todos juntos como antes… Pero así son las cosas desde que se te llevaron de nuestro lado. Dieciocho veranos sin ti, casi los mismos que vivimos contigo. Te echamos en falta, no importa cuánto tiempo pase.

Sigue haciendo calor, a veces terrible, impensable, más fuerte y prolongado que nunca. A ratos, baja un poco su intensidad y podemos refrescarnos en la madrugada. Como hoy.

Y eso es todo lo que puedo contarte por ahora. Seguimos adelante. Siempre contigo en el corazón. No dejes de cuidarnos mientras te seguimos, anda, por favor. Mil abrazos de oso: Papá, Mamá, G y B.

16 de julio de 2022

Hola, cariño.

Hoy te escribo más tarde y desde Gijón, adonde hemos venido de vacaciones, a presentar mi novela NINA y a disfrutar de un poco de asueto.

Y mira qué casualidad, o qué guiño tuyo, entre los diez libros de dos lotes comprados al azar, había uno sobre cómo se elaboró la novela gráfica del 11M; esa que ya conocíamos de antes, que, de hecho, tenemos en casa, en tus estanterías. Comprobarlo nos hizo sentir, a Papá y a mí, que no andas tan lejos. 18 años después, que ya es. Gracias, Rodrigo.

Poco más te cuento. Quizá que nos estamos dando baños de mar y de multitudes y amigos, después de muchas semanas solitarias. Mañana regresamos. Y no volveremos a salir hasta agosto. Ya te iré comentando.

Besos, muchísimos libros, canciones, paisajes y caminatas, hijo querido. No te olvidamos. Hasta prontito: Papá y Mamá.

11 de julio de 2022

Nuestros onces nos encuentran hoy de vacaciones, Rodrigo. Hace mucho menos calor aquí que en casa, aunque más húmedo Y sopla una continua brisa del mar, muy agradable cuando el sol aprieta y que refresca mucho por la noche.

Aquí se acuerdan de tu libro, ¿sabes?, no importa que haga ya tres años que lo presentamos. Y hay mucho público, riadas, auténtico gentío, supongo que por ser domingo, ya veremos los próximos días, pero bien.

Nosotros tampoco te olvidamos, hijo. Siempre te queremos. Abrazos de oso de Papá y Mamá.

8 de julio de 2022

Otra semana más ha pasado, qué rapidez, y te escribo. Buenos días, hijo. Te saludo desde casita, con las ventanas abiertas, escuchando los trinos de los pájaros.

Por fin tengo sensación de vacaciones, supongo que porque Papá las ha tomado y ya no sale cada mañana a trabajar. Nos vamos pronto a Gijón, donde participaré de nuevo en la Semana Negra, pero antes vamos a ver a tus amigos, coincidiendo con G y B, esta misma tarde. Si estuvieras aquí, serías tú el que acudiese; sin embargo, ya ves, allí estaremos nosotros, en tu nombre; unos sesentones celebrando con E y N el último año de la treintena, el que tenías que haber cumplido también tú.

Poco más. Que veremos a los niños de tus amigos, los nietos que no has podido darnos pero que ellos nos comparten y amamos, en tu nombre y en el nuestro.

Nada más, Rodrigo. Solo que te queremos. Con todo nuestro corazón. Que no te olvidamos. Que vamos a buscarte. Y que no dejes de ponernos hitos para poderte encontrar.

Millones de besos, abrazos de oso, juegos, canciones, libros y series. Todo nuestro amor: Papá, Mamá, Gonzalo y, hoy también, tus amigos.

2 de julio de 2022

El cactus floreció ayer, justo el día del cumple de Papá

Buenos días, cariño. Hoy celebraremos con tu hermano el cumpleaños de Papá yendo a nuestro restaurante favorito. Ojalá estuvieses aquí. Vente un rato con nosotros, anda, por favor. No dejo de pensar en lo maravilloso que sería reunirnos también contigo, con tu mujer, con tus posibles hijos. Ya ves, algo que disfruta la gente sin darle importancia a nosotros nos ha sido negado. Ser una familia completa. Para siempre nos duele tu silla vacía.

Se acabaron las clases, que es mi forma de medir el tiempo, ya me conoces, pero todavía no tengo sensación de cambio de ciclo. Supongo que porque aun me esperan obligaciones antes de poder descansar. El lunes doy una charla sobre ti, el sábado vamos los cuatro a celebrar el cumple de N con E y algunos de tus amigos, y, finalmente, el domingo daremos por empezadas esas vacaciones tan necesarias. Te contaré.

Lo cierto es que llevamos un tiempo largo de obligaciones, pero, menos mal, parece que ya podemos descargarnos de tanto barullo. Los días han pasado con una rapidez tan vertiginosa, que se me descuadró el sentido de la realidad y no sé en qué día vivo. Poco a poco lo voy recuperando, aunque el calor, por oleadas, ayuda poco a tener la mente lúcida.

Mucho tiempo ya cuento sin ti, Rodrigo, pero no te olvidamos. Haz sonar los cascabeles de tu risa, por favor, para señalarnos el camino que lleva hasta ti. Te pensamos, hablamos de ti, te queremos.

Abrazos de oso, Papá, Mamá y Gonzalo.

Se acaba junio

Hola, hijo. El tiempo vuela. Entre obligaciones ha pasado otra semana y te escribo. Esta vez tecleo en la tableta, aún en la oscuridad de la madrugada. Buenos días.

Seguimos. Bajaron las temperaturas, cumplimos etapas y objetivos, esperamos con alegría ver pronto a tus amigos, preparamos las vacaciones con presentación de novela incluida. Así continúa la vida sin ti.

A ratos vuelve la pena negra tu ausencia siempre duele, pero intentamos vivir las pequeñas alegrías de las cosas cotidianas.

Y te queremos. Siempre te queremos.

Vuela alto, Rodrigo. Espéranos. Miles de abrazos de oso: Papá y Mamá.