22 de agosto de 2026

Mañana es el cumple de tu hermano, que se ha hecho mucho mayor que tú y te dobla la edad.

Comeremos juntos, con tu tía y tus primos. A pesar de los enormes calores. O tal vez aliviados, si bajan un poco las temperaturas.

La vida continúa, impertérrita, inmisericorde.

Y nosotros seguimos caminando en tu busca. Siempre juntos. Con tu nombre en los labios. Contigo. Eternamente contigo.

Desde donde estés, y si puedes, hijo, queridísimo Rodrigo, ayúdanos.

Mediados de agosto

Hace mucho, muchísimo calor. Tanto, que la vida se ralentiza. Y me doy cuenta, Rodrigo, de que no tengo actualizadas ni páginas, ni redes. Solo te escribo a ti.

Porque esta comunicación contigo es muy importante. Para Papá y para mí. Esta sencilla, leve y quizás loca costumbre es la pobre manera que tenemos de no romper el último lazo.

Ay, hijo, perdona si somos pesados.

Solo es que te queremos.

Hasta que podamos reencontrarnos, millones de abrazos de oso: Papá, Mamá y G.

Nuestros onces

Cuando eras un bebé contaba todos los días veinticuatro para ir añadiendo meses a tu cómputo vital.

Desde que se te llevaron, cuento los onces para marcar el tiempo sin ti.

Y de esta manera, llevo veintidós años y cinco meses  haciendo conteo, señalando los malditos días onces que nos separan, hijo.

Querido Rodrigo, sigue siendo difícil no tenerte con nosotros. Pero aún así, decimos tu nombre, te tenemos cerca y te queremos.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Primera semana de agosto

Querido hijo, ¿cómo estás?

Papá y yo, bien. En casa,  viviendo el verano tranquilo de una calle medio vacía y un barrio casi despoblado. Quizá salgamos más adelante,  ahora estamos cómodos aquí.

¿Y tú, Rodrigo, sigues bien?

No hay mucho más que estos días sencillos y suaves, pero qué gran regalo estar juntos Papá y yo, sin preocupaciones, sencillamente, sin más.

Ojalá fuese también contigo. Tú eres lo único que nos falta, cariño. Te seguimos echando de menos.

Pero, en fin, como siempre te escribo: resistimos.

Te mandamos millones de besos, y abrazos, y risas y libros. No te olvidamos, Rodrigo. Seguimos siendo cuatro.

1 de agosto de 2026

Escribo la fecha de un nuevo mes y un año muy lejos de aquel 2004 último tuyo, Rodrigo. Y me duele sentir que te quedas tan atrás, que hace 22 años, cinco meses y 20 días que no vives aquí.

Entonces, deseo, espero, que sí en otro sitio. Aunque se me hace rarísimo tanto tiempo sin verte, más sin ti que contigo. Y me indigna reaprender qué injusto, innecesario, absurdo y estúpido es el mundo este que vivimos.

Y quisiera desmenuzar con mis manos a  esa gentuza que se te llevó sin misericordia, y a esos indignos que quisieron aprovechar nuestro dolor para sus fines políticos y/o económicos, también sin misericordia.

Pero solo es un sábado más, en el silencio de la amanecida, con la ciudad aletargada por el calor y las vacaciones.

Un sábado de los nuestros, hijo. De los de escribirte que no te olvidamos, que te queremos y que nos esperes.

Abrazos de oso: Mamá.

Incendios

Hoy, en nuestra casa, nos despertamos oliendo a humo. Aunque esté a kilómetros de distancia, el fuego ha desalojado a miles de personas y se aproxima a Madrid. Así empieza nuestro día y la pequeña charla  contigo de todos los sábados. No hace falta irse a Asturias, como el agosto de 2025. Esta vez nos ronda más cerca.

Papá y yo resistimos, tu hermano salió de vacaciones, la vida se simplifica durante estas jornadas de calor. Y mientras los días pasan, disfrutamos de esa sencillez y de  la compañía mutua. Porque  tenemos muy aprendido,  tristemente aprendido, que la felicidad es eso. Y que se puede romper en un instante.

Ay, Rodrigo, por favor, hijo, tú no dejes de cuidarnos.

Millones de besos de estrellas: Mamá.

Mediados de julio

Hola, hijo, buenos días desde casita.

Después de dos semanas fuera, se agradece la dulzura de lo conocido, del hogar que arropa alma y cuerpo.

Ojalá estuvieses aquí.

Nos faltas, Rodrigo. Tenemos ese hueco de tu ausencia clavado para siempre en el corazón.

La vida transcurre plácida estos días de casi vacaciones. Solo duele que no estás.

Sigue doliendo. Dolerá siempre.

Te mando cariños, risas, pelis y series, poemas, novelas y juegos. Los que habríamos compartido si estuvieras.

Y millones de abrazos de oso.

Te queremos.

11 de julio de 2026

Otro once de los nuestros llega hoy y tú sigues lejos, Rodrigo.  Veintidós años lejos.

Aquí hace calor y la casa se siente pesada. En unos pocos días fuera nos hemos acostumbrado a mejor clima y ahora nos resulta extraño este nuestro de todos los veranos.

Y tú, ausente, ajeno a los cambios climáticos, eternamente joven, no nos saliste a recibir, ni nos enviaste un mensaje de bienvenida, como hizo tu hermano.

No estás.

Y eso es todo, hijo. Por más que yo me esfuerce, no te encuentro.

Ojalá me leas, ojalá nos mires y nos cuides.

Nosotros no te olvidamos, cariño. Siempre contigo y siempre cuatro. Millones de besos: Mamá.

Sábado 4 de agosto

Hoy casi se me va escribirte, en medio de la vorágine, había perdido el sentido del tiempo y pensaba que era viernes.

Pero no. Heme aquí de nuevo, Rodrigo. No te olvidamos.

Con amigos, en el mogollón de las multitudes y del calor, te envío los miles de cariños, de siempre.  Y de bromas, de risas, de libros, de yacimientos arqueológicos y de esa complicidad que la distancia no ha logrado romper.

Abrazos de oso: Papá y Mamá, por fin de vacaciones.

27 de junio de 2026

Ya casi de vacaciones,  te anoto estas pocas frases, hijo, para recordarte que seguimos.

Que continuamos, que resistimos.

Convencidos o no, esperanzados o hartos, medio alegres o medio tristes, aquí nos vas a encontrar, Rodrigo. Siempre con tu nombre en los labios y tu cariño templando nuestro corazón,

Cuida nuestros pasos y espéranos.

Millones de abrazos de oso: Mamá.