
Hace mucho, muchísimo calor. Tanto, que la vida se ralentiza. Y me doy cuenta, Rodrigo, de que no tengo actualizadas ni páginas, ni redes. Solo te escribo a ti.
Porque esta comunicación contigo es muy importante. Para Papá y para mí. Esta sencilla, leve y quizás loca costumbre es la pobre manera que tenemos de no romper el último lazo.
Ay, hijo, perdona si somos pesados.
Solo es que te queremos.
Hasta que podamos reencontrarnos, millones de abrazos de oso: Papá, Mamá y G.









