
Cuando eras un bebé contaba todos los días veinticuatro para ir añadiendo meses a tu cómputo vital.
Desde que se te llevaron, cuento los onces para marcar el tiempo sin ti.
Y de esta manera, llevo veintidós años y cinco meses haciendo conteo, señalando los malditos días onces que nos separan, hijo.
Querido Rodrigo, sigue siendo difícil no tenerte con nosotros. Pero aún así, decimos tu nombre, te tenemos cerca y te queremos.
Millones de abrazos de oso: Mamá.









