
Querido hijo, ¿cómo estás?
Papá y yo, bien. En casa, viviendo el verano tranquilo de una calle medio vacía y un barrio casi despoblado. Quizá salgamos más adelante, ahora estamos cómodos aquí.
¿Y tú, Rodrigo, sigues bien?
No hay mucho más que estos días sencillos y suaves, pero qué gran regalo estar juntos Papá y yo, sin preocupaciones, sencillamente, sin más.
Ojalá fuese también contigo. Tú eres lo único que nos falta, cariño. Te seguimos echando de menos.
Pero, en fin, como siempre te escribo: resistimos.
Te mandamos millones de besos, y abrazos, y risas y libros. No te olvidamos, Rodrigo. Seguimos siendo cuatro.









