Primera semana de agosto

Querido hijo, ¿cómo estás?

Papá y yo, bien. En casa,  viviendo el verano tranquilo de una calle medio vacía y un barrio casi despoblado. Quizá salgamos más adelante,  ahora estamos cómodos aquí.

¿Y tú, Rodrigo, sigues bien?

No hay mucho más que estos días sencillos y suaves, pero qué gran regalo estar juntos Papá y yo, sin preocupaciones, sencillamente, sin más.

Ojalá fuese también contigo. Tú eres lo único que nos falta, cariño. Te seguimos echando de menos.

Pero, en fin, como siempre te escribo: resistimos.

Te mandamos millones de besos, y abrazos, y risas y libros. No te olvidamos, Rodrigo. Seguimos siendo cuatro.

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