1 de agosto de 2026

Escribo la fecha de un nuevo mes y un año muy lejos de aquel 2004 último tuyo, Rodrigo. Y me duele sentir que te quedas tan atrás, que hace 22 años, cinco meses y 20 días que no vives aquí.

Entonces, deseo, espero, que sí en otro sitio. Aunque se me hace rarísimo tanto tiempo sin verte, más sin ti que contigo. Y me indigna reaprender qué injusto, innecesario, absurdo y estúpido es el mundo este que vivimos.

Y quisiera desmenuzar con mis manos a  esa gentuza que se te llevó sin misericordia, y a esos indignos que quisieron aprovechar nuestro dolor para sus fines políticos y/o económicos, también sin misericordia.

Pero solo es un sábado más, en el silencio de la amanecida, con la ciudad aletargada por el calor y las vacaciones.

Un sábado de los nuestros, hijo. De los de escribirte que no te olvidamos, que te queremos y que nos esperes.

Abrazos de oso: Mamá.

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