
Escribo la fecha de un nuevo mes y un año muy lejos de aquel 2004 último tuyo, Rodrigo. Y me duele sentir que te quedas tan atrás, que hace 22 años, cinco meses y 20 días que no vives aquí.
Entonces, deseo, espero, que sí en otro sitio. Aunque se me hace rarísimo tanto tiempo sin verte, más sin ti que contigo. Y me indigna reaprender qué injusto, innecesario, absurdo y estúpido es el mundo este que vivimos.
Y quisiera desmenuzar con mis manos a esa gentuza que se te llevó sin misericordia, y a esos indignos que quisieron aprovechar nuestro dolor para sus fines políticos y/o económicos, también sin misericordia.
Pero solo es un sábado más, en el silencio de la amanecida, con la ciudad aletargada por el calor y las vacaciones.
Un sábado de los nuestros, hijo. De los de escribirte que no te olvidamos, que te queremos y que nos esperes.
Abrazos de oso: Mamá.









