Diciembre 2022

Hola, Rodrigo, buenos días de sábado.

Aquí estamos bien, no tengo nada nuevo o interesante que contar, pero me reporto. Me comunico contigo. Te mando este mensaje de amor y recuerdo.

Ojalá me leas y me sientas.

Estamos aquí, queriendo ser cuatro, sin tu compañía. Míranos. No dejes de cuidarnos.

Te quiero, hijo. Te queremos. Muchos abrazos de oso: Mamá.

Finales de noviembre

Después del Black friday todo suena a Navidad, incluso las pelis tontas que ponen en la tele. Hola, hijo, buenos días de un nuevo sábado.

Otras Navidades sin ti.

A ratos me duelen la desilusión y la desesperanza. Otros, sin embargo, me inunda una cierta alegría vital. Siempre andamos entre esos vaivenes emocionales. Es nuestra forma de vivir desde que tú no nos acompañas.

Estas fiestas de 2022 ¿serán por fin sin contagios y las de una auténtica normalidad? Eso esperamos. Aunque tú no estés. Aunque tengamos tantas dolorosas sillas vacías.

Te echo de menos, Rodrigo. Y escribo tú nombre para interpelarte, y te llamo hijo, cariño o querido; ojalá pudiera hacerlo en persona.

No te olvidamos. Te queremos. Te quiero.

Vuelve a casa, vuelve, esta Navidad.

Abrazos desde casa

Hola, cariño, qué gusto escribirte ya en casita. Todo bien, después de una semana de mucha actividad.

Sigue siendo raro regresar y no encontrarte. ¿Donde andas Rodrigo? Ojalá nos veas. Ojalá nos cuides. Ojalá volvamos a vernos.

Vamos camino de diecinueve años de ausencia y nuestros pobres cerebros sólo procesan el presente. Pero, aun así, te escribo, te pienso, te añoro y te quiero. Aunque se me diluyan los datos sobre ti, hijo, (será que me hago vieja), yo resisto.

No te olvido. No me olvides tú, por favor.

Millones de abrazos, risas, cuentos, libros, pelis, canciones y series. Millones de besos, muecas y disfraces. Te queremos.

Sábado

Hola, Rodrigo, no es que no me acuerde de nuestra cita sabatina, es que ya te escribí ayer. Y estamos fuera, con conexión solo a ratos.

Pero, qué digo, si tú sabes que te pienso y te quiero siempre. Anda, hijo, por favor, Sigue cuidándonos. Millones de abrazos de oso: Mamá.

11-11, dieciocho años y medio sin ti

De nuevo es once y te escribo, cariño. Estamos lejos de casa, pero no te olvidamos.

Se oye a lo lejos la llamada del mohecín. Son las cinco y media, dos más de nuestra hora habitual. Tecleo en el móvil. Luego intentaré dormir un poco más.

Ojalá estuvieras aquí con nosotros, disfrutando de la magia de Petra. Cuánto te habría gustado Jerash…

Siento que a tu modo nos acompañas y te lo agradezco. Tenemos la habitación 311. Tus números, en un 11-11, los de la caseta de la Feria del Libro de Madrid cuando presentamos Dinos dónde. Te lo agradezco, Rodrigo.

Abrazos de oso, hijo querido. Abrazos, abrazos, abrazos…

Noviembre

Hola, Rodrigo, buenos días.

Es muy temprano y ya hace frío. Tecleo en la tablet para no perder el contacto, aunque tengo pocas novedades. Solo para decirte que te quiero, que no te olvidamos, que nos esperes, cariño.

Te mando millones de abrazos de oso, series, canciones y libros. Con todo mi amor: Mamá.

Rondando el 1 de noviembre

No me gusta el día de los difuntos, bien lo sabes. No necesito una fecha para pensaros, pensarte, pues os tengo siempre cerca. A ti en especial, Rodrigo.

Por esa razón te escribo ahora, en nuestra charla de los sábados, y no lo haré el martes próximo.

Aquí estamos razonablemente bien. Hasta que llegue el susto siguiente, que esperamos sea leve y dentro de mucho tiempo.

Ojalá pudiera saber cómo sigues tú. A veces nos envías cascadas de acontecimientos que queremos creer señales tuyas y que nos devuelven un poco de esperanza. Otras, nos asolan la duda y la melancolía.

Tú vuela alto, cariño. Y haznos oír los cascabeles de tu risa cuando puedas.

Te queremos. Miles de abrazos de oso: Mamá.

Hola, hijo

Ha pasado otra semana , buenos días, Rodrigo. Todo sigue normal, no necesitamos giros de guion vitales, así que poquita cosa nueva puedo comentarte en estas pocas frases de hoy.

G ya camina sin muletas, aunque cojea todavía. Papá trabaja duro y yo entretengo las horas con amenidad, contenta de disfrutar de esta suerte de tiempo libre que estoy viviendo ahora.

La lluvia nos acompaña, por fin, tras un veranillo de San Miguel muy prolongado, y los colores del otoño, y su dulzura. Te pienso mientras contemplo el jardín y deseo con todas mis fuerzas que me estés escuchando y que podamos reunirnos de nuevo al final de esta existencia.

La duda duele, prefiero la esperanza. Cuídate, cariño. Que nos volvamos a abrazar. Millones de besos, Mamá.

Despiste de sábado

Menos mal que me ha avisado el móvil, porque estaba convencida de que hoy era viernes. Gracias al recordatorio de WordPress, que acaba de saltar, te escribo estas pocas frases desde la tableta.

Pero ese despiste no significa que no te piense. Ya lo sabes.

Hoy cumple años GG y pasaremos un rato con ella y su linda familia, en esa casa a la que me llevaste tú, hace ya demasiado tiempo. Cómo no recordarlo…

Te quiero, hijo. Con todo mi corazón. No te olvido.

Miles de abrazos de oso: Mamá.

Once de octubre

Hoy es otro de nuestros onces, hijo. Por eso, escribirte es lo primero que hago esta mañana.

Porque no te olvido, porque te quiero siempre a mi lado, como en las viejas fotos. Eso es algo de lo que no me percaté hasta que se te llevaron, ay cariño. Cuando ya no estabas y las busqué para recordarte, me di cuenta. Estabas siempre junto a mí.

Gracias por ese amor tan leal, Rodrigo.

Te echo de menos. Toda mi vida está marcada por tu ausencia. Espero volver a darte los mil abrazos que no pude. Mientras tanto, vuela y sé feliz. Pero no dejes de decirnos dónde estás y ni de esperarnos.

Millones de besos de todos nosotros: Papá, Mamá, G y B, tus amigos y mucha gente de bien que te lleva en el corazón.