Último sábado de febrero

Se acerca la fecha. Este año con más presencia mediática. Te seguimos echando de menos muchísimo.

Los prunos han florecido ya. Y sus flores nos llenan de emoción y de nostalgia. Como siempre.

Te quiero. Te queremos. No nos olvides, que vamos a buscarte.

Mediados de febrero

Te escribo desde la oscuridad de las seis de la mañana,  madrugadora como siempre.  Buenos días, Rodrigo.

Lo que más nos impresiona últimamente es la rapidez con que suceden las semanas. Apenas un parpadeo y han pasado siete días, así nos sentimos.

Eso, la proximidad del aniversario y que se le da absurda importancia a los números redondos, como si las ausencias dolieran más en los años diez, quince o veinte.

Navegamos estas fechas, con sus actividades de homenaje y memoria,  lo más sensatamente que podemos. Aunque la niebla  existencial nos invade.

Cada vez te diluyes más en el pasado, hijo. Tengo que esforzarme para desechar las sensaciones de que fuiste solo un sueño.

Pasan las horas, los días, las semanas, los meses, los años… y sigo sin aceptar que no volvieras ese jueves maldito.

Júrame que no andas lejos, Rodrigo. 

Y que nos vamos a reencontrar, por favor,  cariño.

Ojalá sigas a mi lado  como en tantas fotos. Ojalá.

11 de febrero de 2024

A un mes del vigésimo aniversario,  vuelvo a escribirte unas líneas tristes, Rodrigo.

Todos los febreros se tiñen siempre de las mismas tonalidades ásperas por su cercanía a la fecha maldita. Este no podía ser diferente.

Intentaremos vivir estos días difíciles con serenidad. Tú no dejes de cuidarnos, hijo.

Millones de abrazos de oso. No te olvidamos.

Seguimos

Hola, cariño.  Aquí nos tienes.  A los tres juntos. Preparando los memoriales del proximo mes.

El tiempo pasa rapidísimo. Y tú sin volver a casa todavía. Nos hacemos viejitos sin ti.

Sin ti.

Nada ha vuelto a ser como antes. Todo es extraño desde que no estás, aunque, a la vez,  parece que fuiste un sueño.

Ay, Rodrigo.

No te olvidamos.  No nos olvides tú,  hijo.

Mañana será 11 y volveré a ponerte unas líneas. Mándanos risas de las tuyas. Por favor. 

Ya febrero

Se pasan las semanas casi sin sentir, mientras se aproxima de nuevo el aniversario; redondo esta vez, lejanísimo en la consciencia colectiva; casi sueño, pesadilla tremenda, para tu pobre familia, Rodrigo.

Vivimos lo más serena y honestamente que podemos.

Pero nos sigues faltando.

No nos olvides, cariño. Te queremos.

Y vamos a buscarte.

El tiempo vuela

Son las ocho de la mañana y te escribo desde la buhardilla, como tantas veces estos años sin ti, Rodrigo.

Se acaba enero, tempus fugit, y tenemos marcadas fechas importantes en cada mes, no nos envuelve el tedio, te lo aseguro, hijo. Así, poniéndonos hitos, vivimos lo mejor que se nos ocurre. Te echamos siempre en falta. Añoramos la familia que fuimos y la que ya nunca seremos porque nos faltas tú, tu pareja, tus circunstancias, tus hijos…

Eso es todo. A lo lejos, alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se conforma con haberte perdido...

Sin embargo, seguimos resistiendo. Contigo. Con tu hermano. Por vosotros dos.

Siempre con tu hermano

Hola, Rodrigo, cariño, ¿qué tal estás? Ayer me despisté, pero nunca es tarde y te escribo hoy, domingo. Estuvimos juntos los tres y, cuando eso pasa, somos cuatro; porque tú, a tu modo, también estás.

Simplemente comimos y charlamos un ratuco. Es una gran ventaja estar tan cerca como para vernos cuando nos apetezca, pero no tanto como para invadir nuestras respectivas cotidianidades. Así es perfecto.

Sigo escribiendo y presentando mi último libro. Papá vuelve al trabajo después de disfrutar los últimos días de vacaciones de 2023. Y hacemos ya la cuenta atrás, pues le quedan pocos meses para jubilarse, por fin. Y aunque la cercanía del vigésimo aniversario nos incomoda, intentamos vivir con serenidad estos días, semanas, meses hasta entonces.

Tú, por favor, no dejes de cuidarnos. Porfa, porfa, porfa. Millones de abrazos, hijo querido. Y de besos. Y de canciones. Y de libros…

Mediados de enero

Miro la foto de la nevadona, Filomena, que fue por estas fechas, y me acuerdo de Juancar, y de ti, Rodrigo. Qué melancólico dolor de ausencia…

Vamos acumulando pérdidas y cada vez estamos más solos, y no llegan los relevos…

Por favor, hijo, sigue cuidándonos.

11 de enero de 2024

A dos meses del vigésimo aniversario, te pienso, hijo.

Fueron muy cortos los veinte contigo y muy largos los de tu ausencia.

Te seguimos echando muchísimo de menos.

Día de Reyes 2023

En unas horas iremos a felicitar a Ela por su cumpleaños. Será la última cita navideña y, como siempre, te echaremos en falta.

Seguimos contigo en el corazón.

No dejes de venir y nunca dejaremos de ser cuatro.

Feliz día de Reyes, Rodrigo.