
Aquí estamos, Rodrigo, 22 años y 3 meses después, recordando los días 11, echándote de menos.
Nos vamos haciendo viejos y tú sin venir a casa, sin terminar tus estudios, sin formar una familia… todo sin ti.
Te escribo entre la rabia y la estupefacción, la pena y el desencanto.
Ojalá me leas, me mires y me sigas, hijo. Por favor.
Mándanos mas ayuda. Y consuelo. Serenidad y ganas de vivir.
Porque continuar sin ti es difícil y dan ganas de rendirse.
Millones de abrazos de oso:Mamá.









