
Aquí seguimos. A veces, enfadados; a veces, tristes. Querido Rodrigo, qué largo es este sendero, y qué tortuoso. Ojalá estés guiándonos, ojalá nos esperes a la vuelta del recodo, hijo. Porque se hace muy cansado.
Quizá es que necesitamos ya unas vacaciones. Ojalá sea solo eso.
Mientras tanto, te envío millones de risas, cariños, abrazos y juegos. No nos olvides, por favor. Nosotros siempre te nombramos y queremos.
Siempre, siempre, siempre.









