
Otro once de los nuestros llega hoy y tú sigues lejos, Rodrigo. Veintidós años lejos.
Aquí hace calor y la casa se siente pesada. En unos pocos días fuera nos hemos acostumbrado a mejor clima y ahora nos resulta extraño este nuestro de todos los veranos.
Y tú, ausente, ajeno a los cambios climáticos, eternamente joven, no nos saliste a recibir, ni nos enviaste un mensaje de bienvenida, como hizo tu hermano.
No estás.
Y eso es todo, hijo. Por más que yo me esfuerce, no te encuentro.
Ojalá me leas, ojalá nos mires y nos cuides.
Nosotros no te olvidamos, cariño. Siempre contigo y siempre cuatro. Millones de besos: Mamá.


















