
Hemos estado fuera una semana y hoy, sábado, que toca charla contigo, mi móvil no me dejó escribirte. Nah, un cambio de app, manías informáticas que tendré que resolver mañana. Mientras tanto, espero que valgan estas líneas desde la tablet. No importa que sea tarde y casi la hora de dormir. Los sábados siempre te escribo. Y te pienso.
Volver a casa acaricia el alma. Lo triste es que tú nunca estás para recibirnos. Ni nos das las buenas noches, como tu hermano. Ni mandas mensajes de voz… Jolines, Rodrigo, qué injusto…es que te echamos muchísimo de menos.
Hace un rato hemos pasado por el espacio 11-M dentro de Atocha, todo azul. Estaban limpiando el suelo, que es de color delicado y enseguida se llena de pisadas. Me acerqué todo lo posible, pero tuve que ver tu nombre desde lejos.
Ay, no solo tu nombre estaba lejos. También tú.
Buenas noches, hijo. Ojalá me leas. Dulces sueños.









