11 de mayo

Veintidós años y dos meses, como una condena, así llevamos el cómputo del tiempo sin ti.

Vivimos sin ti.

Para siempre sin ti.

Da mucha rabia.

Por la locura y maldad de unos. Por las estúpidas decisiones de otros.

Hoy seguimos llorando tu ausencia injusta.

Y te seguimos queriendo.

Mayo sigue

Todo sigue,  en una rueda incansable, menos tú, hijo. Y me molesta, me enfada muchísimo.

Aquí andamos los tres, sin ti. Terriblemente solos sin ti.

Ojalá nos veas. Ojalá nos cuides. Ojalá volvamos a vernos.

Escribo, leo, viajo, continúo viviendo. Y me parece muy injusto hacerlo sin ti.

Porfa, Rodrigo, dinos dónde estás, para que podamos ir a buscarte.

Abrazos de oso. Libros. Canciones y juegos. Todos para ti. No te olvidamos. No nos olvides. Te queremos: Papá, Mamá y G.

2 de mayo

Hoy es mi cumple. Hoy comeremos con tu hermano. Me hago viejita y tú todavía sin llegar a casa, Rodrigo. Te esperamos con todas nuestras fuerzas, pero no volviste. La casa es enorme sin vosotros. Sin ti.

Te echamos muchísimo de menos.

Porfa, cariño,  no dejes de ayudarnos.

Millones de abrazos de oso: Mamá,

Se acaba abril

Hola, cariño, cómo pasa el tiempo. El próximo finde es mi cumpleaños y voy añadiendo dígitos a una edad que empieza a ser provecta. 

Y me pongo a imaginar cómo serías, de estar aquí. Parecido a tu hermano, supongo. Y me envuelve la tristeza de no poder compartir vida contigo. Y me enfurruño. Y termino llorando.

Ojalá pudiera regresar a los momentos compartidos, hijo querido. Ojalá supiera.

Aquí seguimos enteros, razonablemente bien,  luchando contigo y por ti.

No te olvidamos, Rodrigo.

Millones de abrazos de oso: Papá, Mamá y G.

18 abril 2026

Hola, cariño. No tengo nada nuevo ni interesante que contar, pero te escribo estas líneas.  Para que nunca olvides que te quiero, que te sigo la pista y que comparto la añoranza tuya con Papá.

Poco más puedo decirte, hijo. Pero, ya lo sabes, es la pura verdad.

Tú,  porfa, Rodrigo,  nunca dejes de ayudarnos. Porque es que recorremos este camino difícil, a menudo desencantados, o tristes, o llenos de dudas, estrés y malestar.

No dejes de mirar nuestros pasos.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

11 de abril de 2026

Hola, hijo, buenos días.  Hoy,  tras veintidós años y un mes de ausencia,  te seguimos esperando y escribiendo.

Canta un pájaro en la oscuridad, ya cercana el alba, y luego regresa el silencio de esta mañana de sábado. El mundo loco está inmerso,  más bien enfangado, en guerras absurdas, innecesarias y estúpidas. Y, a la vez que una misión espacial regresa a la luna, en un alarde de maravilla científica, muchos locos evitan las vacunas, en otro alarde, ahora de estupidez acientífica. Eso somos. Lo mejor y lo peor. La  inteligencia y la vergüenza.

Tu pequeña familia resiste en medio de todo este jaleo, Rodrigo.  Con tu nombre en los labios siempre. 

Te echamos en falta.  Ojalá estuvieses,  ojalá vinieras.

Millones de abrazos de oso. Te queremos,

Semana Santa 2026

Buenos días, hijo, desde casita. La calle, el barrio entero, parecen deshabitados. Se han ido todos de vacaciones, tu hermano también, y se les echa en falta. ¿Dónde andas tú?

Ojalá me leas, nos mires y nos cuides, Rodrigo. La memoria visual me falla, me da rabia cuánto te me desdibujas si no miro tus fotografías. Y añoro el sonido de tu voz.

Hay una nueva personita en camino, una niña de tu prima Alicia, que llegará después del verano. ¿La conoces ya? Es una alegría, nos da mucha esperanza que venga ya esa nueva generación.

Porque no pudimos conocer a tus hijos, y no sabemos si vendrá alguno de tu hermano, qué emoción saber, experimentar, que la vida sigue.

Sigue así de bonita. Aunque solo sea una sobrinanieta, aunque no la veremos mucho, es un regalo para que no estemos tan solos sin ti.

No te olvidamos. No nos olvides tú, cariño.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

En casa

Llegando a Barcelona

Hemos estado fuera una semana y hoy, sábado, que toca charla contigo, mi móvil no me dejó escribirte. Nah, un cambio de app, manías informáticas que tendré que resolver mañana. Mientras tanto, espero que valgan estas líneas desde la tablet. No importa que sea tarde y casi la hora de dormir. Los sábados siempre te escribo. Y te pienso.

Volver a casa acaricia el alma. Lo triste es que tú nunca estás para recibirnos. Ni nos das las buenas noches, como tu hermano.  Ni mandas mensajes de voz… Jolines, Rodrigo, qué injusto…es que te echamos muchísimo de menos.

Hace un rato hemos pasado por el espacio 11-M dentro de Atocha, todo azul. Estaban limpiando el suelo, que es de color delicado y enseguida se llena de pisadas. Me acerqué todo lo posible, pero tuve que ver tu nombre desde lejos.

Ay, no solo tu nombre estaba lejos. También tú.

Buenas noches, hijo. Ojalá me leas. Dulces sueños.

21 de marzo, ¿primavera?

Hola, cariño, buenos días. Te escribo deprisa, porque no me alcanza el tiempo. Pero te escribo. Porque te quiero, porque te echo en falta y porque me niego a dejar de pensarte, hijo.

Ya es primavera y los prunos perdieron sus dulces y delicadas florecitas. Con lo que te gustaban, jo. Este año tocaba poda fuerte, así que han salido muy pocas. Ahora mismo la vista del jardín desde tu ventana solo muestra el verdor de la yedra y las ramas duramente recortadas. Si estuvieses aquí, te reirías. Pero es que no estás. Y yo solo puedo imaginarlo, entre la dulzura de recordarte y la pena de no tenerte cerca, ay, Rodrigo.

Siguiendo con el reporte jardineril, te cuento que tampoco han brotado aún las camelias, no sé por qué. Ha llovido mucho este invierno, quizás sea por eso. Hace veintidós años florecieron por primera vez, justo al poco de tu marcha injusta, así que tú nunca llegaste a conocerlas. Te habrían gustado. Me atrevo a pensar que te gustan ahora, dondequiera que estés.

Y poco más puedo escribirte, hijo. Nosotros tres estamos deseando que lleguen las vacaciones, porque necesitamos descansar. Sería estupendo que te vinieras con nosotros. Ojalá fuese posible. Y por qué no, me digo, medio triste, medio ilusionada.

Sí, Rodrigo, ven a casa, porfa. Y te damos mil abrazos. ¿Lo harás?

El fin de semana de después

Hola, cariño, aquí estamos. Tu familia chiquita. Hemos pasado juntos muchas horas estos días difíciles. Ojalá veas nuestros esfuerzos y acompañes nuestro sentir.

Todos me dicen que ahora deberíamos descansar. No son conscientes de la larga lista de asuntos que aún tengo que resolver, que se han ido acumulando en esta agotadora semana de actividades y que no deben posponerse más tiempo.

Pero, mira, hijo, que esperen unas horas más. Porque antes que nada estás tú, Rodrigo. Así que lo primero que hago es escribirte a ti. Como todos los sábados. Aunque sean unas pocas líneas, medio deslavazadas, como estas.

Por favor, envíanos ayuda. Necesitamos mucha, muchísima; toneladas, realmente.

A cambio, (pobre regalo, aunque muy sentido), nosotros te mandamos montones de abrazos, bailes, cariños y risas. Venga, sí: toneladas también.

Te queremos hasta el infinito que ahora habitas. No te olvidamos. Siempre contigo: Papá, Mamá y G.