Día del Libro 2022

Hola, cariño, buenos días. Te escribo desde la tablet, muy temprano, en este sábado 23 de abril.

Hoy te cuento unas pocas novedades. La primera, que participé en la entrega de premios del XXXIII concurso literario de nuestro instituto. Y que me llamaron por mi nueva condición de escribidora incansable. Todo un honor. La segunda, que hemos encargado un nuevo coche para sustituir a Gordito, asunto que nos produce alegría y melancólica nostalgia a la vez. La tercera es menos bonita, pero debo reseñarla: que el próximo martes será la operación de rodilla de tu hermano.

Seguimos sin ti, eso es lo que pasa y duele. Pero yo te lo cuento y te incluyo en lo que hacemos y nos va sucediendo. Siempre. Así que, ya sabes, Rodrigo, comparte con nosotros la dicha de estar en concurso, el alboroque de la compra del vehículo y la cirugía de G. No dejes de mirarnos, de cuidarnos, hijo. No dejes de venir.

Abrazos, abrazos, abrazos. En este día del libro, cuántos quisera haberte compartido. Pero nunca es tarde para enviártelos virtualmente. Y para imaginarte, creerte, leyendo en una enorme biblioteca. Te queremos.

Sábado Santo 2022

Ayer pasamos toda la tarde con tu hermano. Comimos juntos y después dedicamos unas horas a la jardinería. Hablamos de mil cosas. Fue un ratito muy hermoso.

Eso nos falta contigo. La vida cotidiana, las risas, los planes locos que se pueden cumplir o no pero valen por los momentos de ilusión compartida.

Desde que te arrancaron de aquí somos pocos y tememos excesivamente al infortunio. El miedo está instalado para siempre en nuestro sistema, ay.

Mientras los amigos mandan fotos guais de sus vacaciones de Pascua, nosotros resistimos en casa. Juntos. Asustados, pero en equipo, en piña, en panda, en comando vital.

Así que vuela alto, Rodrigo. Y no dejes de mirar por nosotros, que te echamos de menos muchísimo, que siempre te nombramos, que sentimos que, a tu modo, también nos acompañas.

Te queremos. Miles de besos y abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

11 de abril de 2022

De todos los onces, el de este mes me parece el menos terrible porque todavía faltan muchos para el siguiente marzo. Ya ves, Rodrigo que se trata de una idea de lo más tonta. Pero es que acepto todo lo que funcione como lenitivo para el dolor de tu ausencia. Aunque sea tan simplista como esto.

Otro once sin ti. 221 días once en que no estás.

Te quiero.

Te escribo de semana en semana

Cada sábado entro en esta bitácora a charlar contigo. Me aferro a esta costumbre de años ya porque te quiero muchísimo. No sé si me lees o escuchas. A veces creo que sí y otras me pueden la tristeza y la desesperanza, pero sigo escribiéndote, porque solo tengo esta manera de seguir unida a ti, hijo.

El ritmo de la vida ha vuelto a acelerarse, se me han volado estos siete días sin sentir. Y le he perdido el pulso a las vacaciones, antes ansiadas y que ahora siento que son apenas unos días más.

El miércoles hablé de mi libro, de nuevo, a jóvenes estudiantes; tu hermano necesita hacerse una intervención en las rodillas, pequeña y sencilla, al parecer, pero que asusta, y me paso días enteros haciendo poca cosa más que domesticidades. Así pasa la vida, suavemente. Y no sé si la desperdicio cuando no hago nada importante, o cuando solo descanso. Lucho contra mi excesivo afán de rentabilizar cada momento. Me doy permiso a mí misma y me lo quito un segundo después.

Y entonces pienso en cuánto me gustaría compartir la vida contigo. Y te echo en falta, me duele, esta existencia en la que no estás. Por eso relleno líneas y líneas, construyo textos y alimento este blog, porque te busco. Pero, a la vez, me veo absurda por forzar este diálogo en el que tú no contestas. Y me hundo en un caos de contradicciones, del que soy mucho más que consciente, pero no puedo evitar. Lo diré mejor, que no quiero evitar. Porque si hay una mínima baza de seguir en contacto contigo, todo merece la pena. Cualquier esfuerzo, la perseverancia, el dolor de la duda.

Dondequiera que estés, Rodrigo, no dejes de mirar por esta pequeña familia tuya que te añora. Ni de sonreír. Te queremos con todo nuestro corazón y te esperamos aquí, en casita. Abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

Abril

Buenos días, Rodrigo. No se me ocurre nada nuevo y bueno que reseñar. Los días siguen avanzando, con los mismos sustos y sus repercusiones. En resumen, malos tiempos. Pandemia, crisis económica y social, desastres naturales, más crisis, horrores de guerra y crisis multiplicada, así vamos.

Serenidad y paciencia.

Desde casita, no te olvidamos, hijo. Cuídate y no dejes de cuidarnos. Agradecemos tu ayuda. Y te queremos.

Último sábado de marzo

Llueve y las flores rosadas de los prunos han desaparecido ya casi por completo. Tan hermosas y tan efímeras. Son las cuatro y diez, me he despertado demasiado pronto y ya no consigo dormirme. Se nos acaba otro marzo sin ti.

Dieciocho años de ausencia es mucho tiempo solos, Rodrigo. Vivimos echándote en falta siempre. Avanzamos porque esta rueda existencial no para. Por tu hermano. Porque tú también nos quieres así, luchadores. Pero es duro. No deja de serlo aunque los años pasen.

Hoy más que nunca te pienso, te llamo y te quiero, hijo. A veces noto que nos cuidas. Gracias. Otras se me diluye la esperanza. Menos mal que Papá siempre me anima a seguir yendo a buscarte. Dice que volveremos a abrazarnos los cuatro, en piña, que nos esperas. Pero mientras tanto, Rodrigo, qué difícil es este camino en que no estás.

Intentaré dormir un poco. Ojalá logre hallarte en el mundo intermedio de los sueños.

Feliz día del padre

En este sábado lluvioso, todavía viviendo la resaca emocional del aniversario, te pienso y te escribo.Buenos días, Rodrigo.

Te llamé y te encontré en la belleza de la música, el pasado miércoles, en el primer Concierto por las Víctimas del Terrorismo de Getafe. El Ayuntamiento ha ideado esa nueva forma de recordaros y nos invitó. Es un gesto que agradecemos, pero además es que nos gustó mucho. La magia de la buena música y la maravillosa orquesta de cuerda fueron un hermosísimo regalo.

Porque cada vez es más difícil sentir tu presencia. No sé si me vuelvo torpe o es que estás muy lejos, o es que las cosas tienen que ser así. Y en ese contexto, la dulzura de los violines, que siempre me emocionan, también conectaba contigo.

Te seguimos echando de menos, Rodrigo. Muchísimo. Por eso fue tan especialmente hermoso recordarte en la música y sentirte entre esas emociones. Gracias.

Vuela alto, hijo querido. No dejes de hacernos señas y de volar. Volveremos a encontrarnos. Te queremos, te queremos, te queremos.

12 de marzo de 2022

El día después siempre es raro. Este, también. Durante toda la semana previa conseguí no pensar en qué día estaba exactamente. El 11 me encontró de improviso apenas unas pocas horas antes.

Pero el truco no sirvió. Pasé de la irrealidad al miedo otra vez. Te escribo en la madrugada. Estoy despierta demasiado pronto, con angustia, casi pánico. Soñando abrazos.

Vela por nosotros, hijo. Te queremos. Ayúdanos. Vamos a buscarte.

18 veces 11 de marzo

Hoy vuelve a ser 11 de marzo, Rodrigo, cariño. Hace tanto que no estás… Parece como si tu existencia, el tiempo compartido, hubiese sido un sueño.

Quiero esconderme en lo cotidiano, en esas cosas sencillas  que conforman la vida y que tanto se echan en falta cuando da un quiebro inesperado. Pero no me da tregua y este 2022, a tu ausencia injusta y  las seis oleadas de Covid-19, se ha sumado el ataque ruso a Ucrania. Y estamos en guerra. ¡En guerra! Nunca pensé que diría, escribiría, viviría esto.

A veces me llegan hilachas de memorias tuyas. Suaves, desdibujadas. Y ya no me duelen con el filo acerbo de antes, sino con melancólica tristeza. Escuecen, porque no estás, pero también abrigan el corazón con la ternura con la que nos queríamos, y aún nos queremos los cuatro.

Aquí seguimos, Rodrigo. Solos, pocos y cansados, pero resistiendo. Recordándote. Lo que nunca cambia es nuestro amor por ti.

Te queremos. Miles de abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

El finde previo

Hola hijo, buenos días.

Hace dieciocho años la vida era sencilla, cotidiana. Y de pronto desapareciste.

No importa el tiempo transcurrido, todavía duele que no hayas vuelto a casa.

Aquí hemos perdido el eco de tu voz, ya no resuena tu risa por las escaleras, nadie lee los libros de tus estantes, ni mira por tu ventana cómo avanza la primavera en el jardín.

Tu hermano hace lustros que creó su propio hogar, y aunque te cita y te quiere y te recuerda, solo Papi y yo seguimos en este, reviviéndote.

El próximo viernes será de nuevo 11 de marzo.