
Hola, cariño, hoy te anoto esas líneas desde la buhardilla que hace tanto compartimos, y que ahora anda siempre ausente de ti.
Llevamos unos días de terribles aguaceros, sin embargo esta mañanita ha amanecido con sol. Me parece un lujo ver el jardín tan brillante, aunque sea invierno, y que la la yedra luzca como nueva. Contemplo los árboles, que siguen sin hojas, y comprendo de pronto que la vida sigue, en ciclos, continuos, inmisericordes. Y que nosotros solo somos unas pobres briznas que existimos un instante fugaz.
Y me duele mucho, me destroza el alma, que el tuyo fuese tan brevísimo, Rodrigo.
Pero quiero repetirte que no nos rendimos. Que no nos dejamos dominar por la tristeza. Que seguimos contigo en la lucha diaria. Viejitos y cansados, pero adelante.
Millones de abrazos de oso, en piña, contigo, somos siempre cuatro: Papá, Mamá y G.









