
Hola, cariño, de nuevo te anoto unas pocas ideas, medio dormida. Es lo primero que hago y pienso cada sábado: escribirte.
Vivimos semanas densas de trabajo por vuestra memoria. Juntos siempre Papá y yo. Y tu hermano.
Se acerca la fecha odiosa que nos recuerda el dolor de hace ya 22 años, y la larguísima sombra de la pérdida. Nunca estamos preparados. El tiempo parece que desdibuja los contornos de los recuerdos, pero las fechas señaladas vuelven a perfilar las ausencias y la pena, con una dureza inmisericorde.
Este año el viejo pruno apenas florecerá. Estamos cuidando sus últimas primaveras. Porque todo cambia. Y si hasta el jardín y sus árboles envejecen, como no vamos a ir en declive nosotros también. Ay, Rodrigo, hijo querido.
Pero seguimos. Continuamos. Resistimos. Siempre cuatro. Abrazos de oso y muchas risas: Mamá.









