
Sigue la vida, sí. Sin tu compañía, siempre, la muy puñetera.
Y nosotros. Como buenamente podemos. Sintiendo el hueco que dejaste. Que te obligaron a dejar.
Te siento demasiado lejos, Rodrigo. Y eso me da muchísima rabia. Se me desdibujan todas las imágenes, sensaciones y recuerdos.
Sin embargo, resisto. Me niego a rendirme. Te escribo y te espero, hijo.
Te quiero.









