
Hemos sido cinco en Nochebuena y seis en Navidad. Tu silla vacía duele porque no estás y porque ya no es cotidiana tu presencia-ausente. Ojalá fueras el niño de la imagen, tan parecido al tú de tu infancia, Rodrigo. Ojalá hubiese en esta casa un pequeño como ese, tan parecido a ti, que la llenase de risas, que nos llamara abuelos.
No estás, hijo, pero sigues a tu manera, con tu ayuda y cariño, echándonos una mano. Y con eso nos tenemos que conformar.
Dondequiera que te encuentres, felices fiestas, cariño. Te enviamos millones de abrazos de los infinitamente largos, de los de oso.









