
Se nos acaba, sí, qué rápido pasan los días, y tú sigues lejos, ausente, con tu sonrisa desdibujada y tus veinte años eternos.
Me dieron ese premio del que te hablé la semana previa. Estuvieron familia y amigos. Es un honor y lo agradezco. Sin embargo, tú lo sabes, nada me impresiona desde que no estás tú.
Ojalá lo vieras, te acercases a vernos. Quiero imaginarte así, mirándonos.
Ojalá hubieses estado, con todos los demás, en la fila 5, entre risas, lágrimas y aplausos.
Nunca me acostumbro a tu ausencia, hijo. No dejes de cuidar nuestros caminos, para que lleven hasta ti.
Te envío risas. Y música, libros, juegos y besos. Ay, Rodrigo, y, por supuesto, en piña, nuestros proverbiales abrazos de oso.
Con cariño: Papá, Mamá y G.









