
Hoy es otro de nuestros onces, hijo. Por eso, escribirte es lo primero que hago esta mañana.
Porque no te olvido, porque te quiero siempre a mi lado, como en las viejas fotos. Eso es algo de lo que no me percaté hasta que se te llevaron, ay cariño. Cuando ya no estabas y las busqué para recordarte, me di cuenta. Estabas siempre junto a mí.
Gracias por ese amor tan leal, Rodrigo.
Te echo de menos. Toda mi vida está marcada por tu ausencia. Espero volver a darte los mil abrazos que no pude. Mientras tanto, vuela y sé feliz. Pero no dejes de decirnos dónde estás y ni de esperarnos.
Millones de besos de todos nosotros: Papá, Mamá, G y B, tus amigos y mucha gente de bien que te lleva en el corazón.