
Hola, hijo. Hoy te escribo con retraso, después de una presentación accidentada. Todo Madrid se había echado a la calle, apenas conseguíamos avanzar, hasta nos equivocamos de ruta varias veces. Incluso llegamos tarde al evento.
Espero que me leas y te rías conmigo, porque al final la aventura acabó bien. Tarde, pero bien.
Vimos a tus amigas y hablamos con ellas de ti. Es tierno y difícil. Casi nadie ya se atreve.
Y luego la vida volvió a su cauce habitual. Sin ti siempre, aunque, menos mal, serena en tu recuerdo.
No te olvidamos, Rodrigo. Cuídate y cuídanos.
Montones de besos: Mamá.









