Mediados de febrero

Te escribo desde la oscuridad de las seis de la mañana,  madrugadora como siempre.  Buenos días, Rodrigo.

Lo que más nos impresiona últimamente es la rapidez con que suceden las semanas. Apenas un parpadeo y han pasado siete días, así nos sentimos.

Eso, la proximidad del aniversario y que se le da absurda importancia a los números redondos, como si las ausencias dolieran más en los años diez, quince o veinte.

Navegamos estas fechas, con sus actividades de homenaje y memoria,  lo más sensatamente que podemos. Aunque la niebla  existencial nos invade.

Cada vez te diluyes más en el pasado, hijo. Tengo que esforzarme para desechar las sensaciones de que fuiste solo un sueño.

Pasan las horas, los días, las semanas, los meses, los años… y sigo sin aceptar que no volvieras ese jueves maldito.

Júrame que no andas lejos, Rodrigo. 

Y que nos vamos a reencontrar, por favor,  cariño.

Ojalá sigas a mi lado  como en tantas fotos. Ojalá.

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