
A un mes del vigésimo aniversario, vuelvo a escribirte unas líneas tristes, Rodrigo.
Todos los febreros se tiñen siempre de las mismas tonalidades ásperas por su cercanía a la fecha maldita. Este no podía ser diferente.
Intentaremos vivir estos días difíciles con serenidad. Tú no dejes de cuidarnos, hijo.
Millones de abrazos de oso. No te olvidamos.









