
Otra semana loca más ha pasado, con viaje incluido, así que mi percepción temporal sigue alterada. Buenos días, hijo, espero que todo bien en tu mundo ignoto. Aquí, lo usual.
Son las siete de una mañana de lluvia de primavera. El jardín y tus árboles brillan con colores nuevos. Ojalá estuvieses cerca. Ojalá los veas desde el sitio que ahora ocupas, cariño. Te echamos en falta muchísimo.
Hoy veremos a tu hermano, hemos quedado para tomar el café de la sobremesa. En unos pocos días será mi cumple y son ya demasiados sin que me cantes el Happy birthday, aquello que un día dijiste que ibas a hacer en un evento y nos hizo reír a todos. Se te quedó pendiente, cariño. Como tantas cosas que no hiciste, o no hicimos, y llevo añorando amargamente desde tu marcha repentina.
No sé qué va a pasar con tu libro. Creo que se ha agotado la edición y no parece que quieran reeditarlo. Te contaré qué sale de todo ello. Aún quedan dos años de contrato, pero me temo que solo estará disponible en digital. Te diré en cuanto sepa. Nada es para siempre.
Aquí te espero, Rodrigo, en nuestra buhardilla. Queriéndote mucho. No dejes de venir o de cuidarnos. Millones de abrazos de oso: Mamá.









