
Hola, cariño, te anoto estas líneas desde la buhardilla que un día compartimos, hace mucho tiempo ya, antes, muy antes…
Acabo de volver de un evento en el que hablé de ti. Es agridulce esto de nombrarte y contar de nuevo lo que pasó el día en que te perdimos. Pero lo hago. Contigo en el corazón.
He dormido diez horas, algo inusual en mí, fue un asunto cansado física y emocionalmente. Pero ahora, sabes, Rodrigo, cincuenta personas más conocen tu nombre y saben de ti.
Te queremos, nunca lo olvides, hijo. No dejes de cuidarnos, por favor.
Millones de abrazos de oso: Mamá.









