1 de junio de 2024

Querido hijo: esperamos que a la presente todo bien. Aquí todos sanos y deseando saber noticias tuyas.

Así empezaban las cartas de los emigrantes. Ojalá tu distancia fuese solo esa, por más que hubiera que contarla en miles de kilómetros. Estás aún más lejos. Y no existe forma de conseguir reunirnos si no es llegando al sitio que te acoge, espero, y donde nos aguardas, espero también.

Hoy madrugamos para la asamblea de la Aso. Estaremos con los amigos con los que compartimos la mala fortuna del 11-M, luchando siempre por honrar vuestra memoria y la verdad de lo sucedido.

Mientras tanto, ha llegado un calor repentino y sofocante, el verano que me siempre entorpece tanto ya está aquí. Y tú sigues sin volver. Pasan las semanas, los meses, y continúas ausente, Rodrigo, aunque te llamemos. ¿Nos oyes, cariño?

Poco más se me ocurre contarte. No estoy muy lúcida. Pero no falto a nuestra cita semanal.

No te olvidamos. Miles de abrazos de oso: Papá, Mamá y Gonzalo.

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