
Son las ocho. He abierto todas las ventanas y la casa huele a lluvia próxima y a jazmín. Buenos días, hijo. Aquí seguimos los tres, comunicándonos a menudo, sin olvidarte nunca.
Pronto llegarán las vacaciones de verano y las últimas en activo de Papá, que se jubila en septiembre. Es la novedad, pues en los otros ámbitos todo sigue razonable y discretamente bien.
Y mejor que continúe así. Cuando las perspectivas de futuro nos dan vértigo, intentamos no temer lo inopinado y avanzar las obligaciones del día a día. Porque sabemos que lo terrible puede surgir en cualquier instante. Como tu muerte y tu desaparición repentina, maldita y para siempre.
A veces lo conseguimos.
No esperamos grandes cosas para el futuro próximo. Es bastante triste, pero es lo que hay, y así tenemos que vivirlo.
Nos tenemos los tres, los cuatro contigo, siempre juntos. Y eso es suficiente.
Te queremos, Rodrigo. No dejes de velar por nosotros, que estamos muy solitos y somos muy pocos.
Millones de abrazos de oso: Mamá.









