20 de julio de 2024

Buenos y tórridos días de verano, Rodrigo. Desde casa y nuestra buhardilla te escribo estas pocas palabras, como cada sábado.

Estamos en plena re-edición de tu libro en Amazon, y todavía surgen pequeños problemas. Espero que estén resueltos pronto, pero no subiré imágenes hasta que todo esté completamente bien. Aunque ya te digo que me gusta mucho la portada y que estoy deseando compartirla.

Por lo demás, lo acostumbrado. Después de unos días fuera, agradecemos que nos arrope la rutina doméstica. Más adelante, algún otro viajecito haremos, ya te lo contaré, cariño.

Ay, hijo, resulta que mañana comemos con tu hermano. Y ahí, cuando estamos los tres juntos, es cuando más se nota que no estás. Ojalá, siempre te lo digo, vinieses también tú. Da igual el tiempo que pase, da igual haber sobrepasado los veinte años de ausencia, te echamos en falta siempre. En lo cotidiano y, de forma muy llamativa, cada vez que pasa algo diferente, bueno o malo, pero especial.

Es que, jolines, hijo, qué solos nos hemos quedado sin ti.

Por eso te mando millones de abrazos y besos, de libros y canciones, de juegos y músicas, de fotos, viajes, pelis y series. Para compartirte las cosas que te gustaban y sentir que todavía nos sirven de conexión. También te envío toneladas de muecas y de bromas, porque sigo añorando tu risa y quiero imaginármela sonando por las escaleras.

Hasta la próxima, Rodrigo. No nos olvides, porfa. Te quiere hasta ese infinito que habitas: Mamá.

Marcar el enlace permanente.

Comentarios cerrados.