Agosto tórrido

Hola, cariño, buenos días, feliz sábado.

Aquí todo idéntico: calor, recuperación lenta, añoranzas de tu compañía, desilusiones varias, y mucho estar en casa.

Son las seis y todavía no amanece. Leo los periódicos digitales en la tablet y te escribo estas líneas. Porque no te olvidamos,  Rodrigo.

Ojalá  pudiera verte. ¿Puedes acercarte en un sueño? Eso nos decimos cada noche Papá y yo.

Vuela alto,  hijo.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

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