
Hola, cariño, buenos días, feliz sábado.
Aquí todo idéntico: calor, recuperación lenta, añoranzas de tu compañía, desilusiones varias, y mucho estar en casa.
Son las seis y todavía no amanece. Leo los periódicos digitales en la tablet y te escribo estas líneas. Porque no te olvidamos, Rodrigo.
Ojalá pudiera verte. ¿Puedes acercarte en un sueño? Eso nos decimos cada noche Papá y yo.
Vuela alto, hijo.
Millones de abrazos de oso: Mamá.









