
Hola, hijo, buenos días de un nuevo sábado. Hoy te escribo desde la tablet, un poco menos agobiados por dolencias y temperaturas bochornosas.
Se acaba el verano pero todavía no las vacaciones. Te seguiremos contando pequeñas aventuras, espero.
A pesar de la enorme distancia de espacio-tiempo que nos separa, te llamamos y tenemos siempre con nosotros, Rodrigo. No nos olvides, porfa, cariño.
Millones de abrazos de oso, de libros, juegos, canciones y bailes. Te queremos.









