
Hoy, el aniversario, hace ya tanto de la despedida del tío Carlos que se me confunden las imágenes y los recuerdos. Era 1995. Tú también sufriste su marcha, tú también le echaste de menos. Te impresionó encontrarte con su tumba un día, inopinadamente. Quién iba a pensar que el siguiente nombre en la lápida sería el tuyo, Rodrigo.
Aquí te seguimos añorando, hijo.
Nos vamos poniendo viejos. La vida sigue sin ti, impertérrita. Muchas cosas empiezan a sernos ajenas. Pero tú nunca, cariño.
Espéranos en el mundo intermedio de los sueños, hijo. No te olvidamos. Siempre, siempre, vamos a buscarte.









