
Siempre se me hace extraña la fecha. Cada vez que te escribo, me parece mentira que haya pasado tanto tiempo desde la última ocasión, normalmente una semana. Y ya ni te cuento desde que no estás…
Vivo, intento vivir, una rutina de existencia sencilla. Me asaltan nuevos quehaceres y vuelvo a estresarme. Y tú te me diluyes, qué rabia me da, Rodrigo, entre tanto ajetreo.
No te preocupes, que no nos rendimos. Aquí estamos. Contigo en el corazón. Así que sigue cuidándonos, hijo.
Te queremos.









