
Hola, hijo querido, buenos días. Hoy, solsticio de invierno, te escribo estas líneas deseando que las puedas leer. Y que me contestes muchas veces como el martes pasado:
I just call to say I love you, I just call to say how much I care…
No es lo habitual. O es que yo estoy torpe y roma, y no me entero de tus mensajes sutiles. En fin, millones de besos agradecidos, de todas maneras.
Solo puedo contarte que aquí seguimos sin ti como buenamente podemos. Que siempre tienes tu silla a la mesa. Que soñamos con volverte a abrazar… y que no te olvidamos.
Que tengas una muy feliz Navidad, Rodrigo.









