
Se nos acaba el año veinte de tu ausencia y tú lejísimos, Rodrigo. Casi el mismo tiempo contigo que sin ti, tu presencia se difumina entre las mil vacuidades de lo cotidiano. Y me duele no tenerte muy amarguísimamente. Y te echo muchísimo falta, hijo.
Nuestra próxima cita ya será en enero, el primer sábado de un 2025 a la vuelta de la esquina. ¿Estarás con nosotros a tu modo sutil? Ay, ojalá, cariño, no nos dejes solos del todo.
Estas fiestas remueven penas y añoranzas, es inevitable, por lo que parece. Que tú no estés es la peor de todas.
No dejes de cuidarnos, porfa, Rodrigo. Es que seguimos tristes y somos demasiado pocos.
Millones de abrazos gigantes: Mamá.









