
Continúo moviéndome entre la extrañeza vital y la frustración, querido Rodrigo, de no tenerte cerca.
Envejecemos a pasos agigantados, siempre sin ti, áspera, dura, terriblemente sin ti.
Poco más.
Buscamos en qué distraer, ocupar, dar sentido, a nuestras vidas. Intentamos no perder la esperanza.
Míranos, por favor, hijo.
Te queremos.









