
Apenas fue ayer el vigésimo aniversario y resulta que estamos a dos meses del veintiuno. Buenos días, hijo, la realidad se me antoja extrañísima.
Apenas he hecho propósitos para este año nuevo, solo resistir a los achaques que han dejado de rondarme porque se han instalado campechana y absolutamente.
Papá y tu hermano me cuidan un tanto preocupadillos, ojalá estuvieras, Rodrigo. Somos tan pocos y nos asusta todo tanto…
Ela está muy mayor y repite las mismas frases una y otra vez, con voz pastosa, lejísimos de lo que fue, cada vez más ajena a la realidad.
Esta es la vida que vivimos sin ti.
No te olvidamos, cariño. Porfa, no nos olvides tú.









