
Hace veintiún años, se dice pronto pero se vive con dificultad, andabas por aquí, hijo. Con nosotros.
Entonces la vida parecía sencilla, casi domesticada. Tu hermano y tú iniciábais vuestras aventuras estudiantiles más allá del barrio, los amigos de siempre, lo conocido.
Apenas te dio tiempo a vivir, ni siquiera llegamos a alcanzar una mínima rutina, y nos fuiste arrebatado. Se te llevaron sin compasión.
Y no sé por qué no pudimos vivir como tantos otros. No encuentro razon plausible para que lo esperable, lo que todos a nuestro alrededor transitaban en paralelo, se convirtiese en horror para nuestra pobre familia de cuatro.
Desde la casa que entonces compartíamos y ahora habitamos papá y yo en solitario, te envío mil millones de besos, Rodrigo. A pocos días de un nuevo aniversario, no te olvidamos.
Quiero considerar ayuda tuya todo lo bueno y especial nos ha sucedido estos últimos días. Muchas gracias, cariño.









