Abril

He cambiado el color de mi pelo, ya no es rojo. Y la vuelta al tono natural me recuerda el tiempo en que tú estabas, y me inunda de una tremenda melancolía.

No soy la misma.  Soy veintiún años mas vieja. Y, además,  es que estoy intentando dejar fluir las canas, lo que me recuerda que, efectivamente,  lo soy. Pero resulta que me miro en los espejos y no puedo evitar imaginarte junto a mí,  con tu disfraz de mago de aquella que fue tu última Navidad.

Rodrigo, hijo, seguramente te reirías al verme tan preocupada. Y me dirías que no fuese «tan agobiosa». No puedo evitarlo.

Porfa, cariño,  no dejes de mirar por nosotros. Sigue cuidando nuestros senderos. Continúa enviándonos mapas. Y brújulas.

Te queremos muchísimo los tres. No te olvidamos.

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