
Hola, Rodrigo, de nuevo en casa tras tres días fuera, lo cotidiano se ha roto y seguimos como buenamente podemos. Ojalá todo fuese suave y delicado. La ansiedad sigue con sus vaivenes.
Papá y yo sacamos fuerza de flaqueza. A menudo incómodos, pero siempre luchando por ti, diciendo tu nombre.
Aunque la verdad es que preferiríamos nuestra quietud discreta, que ya nos la merecíamos. Continuar aquí, resistiendo, también es una forma de quererte.
Porfa, hijo, ayúdanos.









