
Hola, hijo, buenos días de calores y nueva estación. Ya está aquí el verano.
Te escribo, como de costumbre, de madrugada (sigo despertándome prontísimo).
Se acaba el curso. Aunque no esté en activo, mantengo esa forma de medir el tiempo. Y este es el sexto sin alumnos. Y aún se me hace extraña la situación.
Del mismo modo que todavía resulta raro, difícil y triste que no estés tú.
Ojalá estuvieses aquí.
Pero ya que no es posible, ya que eres de otra dimensión, Rodrigo, porfa, mándanos ayuda.
A cambio, yo te envío mil abrazos, risas, libros, juegos y series. Y millones de cariños.
No te olvidamos.
Te queremos.









