
Hola de nuevo, hijo, ¿qué tal todo? Aquí nos agobia el estrés, pero nos consuela la proximidad de las vacaciones.
Me despierto cada madrugada deseando no tener tantas cosas pendientes. Van por orden, priorizando las urgencias. Y entre todo ese marasmo, pienso, pensamos papá y yo, en ti.
Ayer estuvimos en la casa de Ela y qué raro resultaba que no estuviese, que ya nadie viva entre esas paredes, muebles, cosas tan conocidos. No somos nada, apenas el montón de trastos que nos sobreviven. Y me horrorizó la enorme cantidad de idem que le dejaremos a tu pobre hermano. Y lo solo que se quedaría.
Hoy ando un poco triste, frustrada por las limitaciones a la libertad que antes tenía y ahora me atenazan. Resistiendo entre la responsabilidad y el cansancio. Muy floja de esperanzas.
Así que, Rodrigo, cariño, mándanos un poquito. O una tonelada, porfa.
Millones de abrazos de oso: Mamá.









