
Solo van a ser unos pocos, poquísimos días, pero se agradecen el frescor y el cambio de panorama. Buenos días, hijo.
Te escribo, como siempre, de madrugada. Rodeada de un silencio que no rompen ni siquiera las gaviotas de otras ocasiones.
Coincidimos con tu hermano. Nos acompaña este finde. Es así de majo. Supongo que tú también andas por aquí, para que seamos, para que sigamos siendo nuestra familia de cuatro.
Te tenemos presente. Te queremos.









