
Apenas amanece este sábado, te escribo. Hoy desde la campiña asturiana.
Miro el paisaje, sereno y hermoso desde las ventanas, y te echo de menos, Rodrigo. En la naturaleza es más fácil sentirte conmigo.
Nada más. A lo lejos se oyen pájaros, una esquila titilante, los balidos de una oveja… Y la luz se extiende por todo el valle.
Buenos días, cariño. Miles de abrazos y besos. Te queremos.









