
Sábado y 11, aquí me tienes, Rodrigo, escribiéndote.
Esta vez desde la emoción de haber dejado las cenizas de Ela y el tío en la montaña.
Fuimos con Papá tu hermano y yo. Los tres siempre juntos.
Están en un lugar discreto y hermoso, bajo un acebo pequeño. En la sierra que tanto les gustaban y tanto recorrieron.
Gracias por vuestra compañía, discreta, desde vuestro universo, pero verdadera. Y miles de abrazos de oso para todos.









